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18 Septiembre 2009

3cera parte de "Cómo un balón rodando"-pepe lucho lágrimas y alegrías (novela)...Agustín Cruz Morales.

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 -cómo un balón rodando-

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Continuación tercera parte :

 

"Cómo un balón rodando"

pepe lucho lágrimas y alegrías (novela)

 

Agustín Cruz Morales.

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TERCERA PARTE:

El club rotario, gozaba de alcance mundial, y sus afiliados se encontraban en todos los continentes. Por eso Isabel y Flor Elena, se habían hechos socias, del afamado club. Allí, entre risas y bromas, se divertían, a su manera. Cuando de pronto, al fondo del salón, en una especie de escenario, se escuchó la voz del secretario del club, que cordialmente, pedía la atención de los presentes.
-Damas y caballeros -comenzó diciendo- el club rotario, en estos momentos, tiene el honor de recibir imprevistamente, al presidente del Rotario club de Europa, el cual según me ha dicho, tendrá la gentileza de hacernos una importantísima invitación... pero mejor escuchemos, lo que va a decirnos personalmente-
-Buena noche, damas y caballeros... si es cierto estoy aquí, como lo dijo mi amigo... de improviso, y quiero aprovechar la oportunidad, para invitar, a todos ustedes., a un gran evento, que se va a realizar en Europa, al cual nuestro club, ha sido invitado. Quiero decirles que esta invitación, nos enaltece enormemente, debido a la importancia del evento.
-Ustedes saben que en quince días, comienza en Europa, el campeonato ínter clubes de fútbol, donde estarán presentes, los mejores equipos del continente. Pues bien -continuó- la inauguración del torneo, contará con la eximia presencia del famosísimo escritor, Peter Coral, el cual estará apadrinando el evento, y dará el play de honor, antes del primer partido.
-Para nosotros, será importantísimo asistir, pues tendremos la oportunidad de conversar con él, y animarlo... tal vez quiera, ser miembro de nuestro club. Además de Peter Coral, estarán presentes muchas personalidades, con las cuales podremos entablar amistad-
-Entonces, esperamos una gran asistencia, por parte de ustedes... ¡ah! y recuerden que los gastos de viaje, pueden ser solventados por nuestra entidad. De tal manera, que no tienen excusa para no asistir. Bien damas y caballeros, entonces... los esperamos...-
Los allí presentes, aplaudieron las palabras del invitado, mientras éste se retiraba. Después de eso, la reunión siguió su curso normal. Sólo al regresar a su casa, Flor Elena, ya no pudo disimular su nerviosismo, ante su prima Isabel.
-Es él - dijo temblorosa Flor Elena - es él. Crees... ¿qué aún se acuerde de mí?
-Mira Flor Elena -aseveró Isabel tratando de darle valor y decisión- un gran amor nunca se olvida. Nada lo hace cambiar... además, nosotras vamos a asistir a ese evento. No creo, que ahora me defraudes-
-Pero Isabel... -
-Nada de peros... ¡vamos a ir!... eso, ya está decidido-
-Pero... y si me ve, y me pregunta por su hijo, qué le digo. No sabría que decirle. Además con sólo tenerlo cerca, creo que moriría de la emoción
-Bueno... ojalá y nos vea, y si pregunta por su hijo, le responderé -dijo Isabel- deja eso en mis manos, pues de ninguna manera, vamos a dejar de asistir. Así que de una vez, vamos preparando las maletas, para ese viaje-
Al llegar el día de la partida, ya en el aeropuerto, el nerviosismo, no abandonaba a Flor Elena. Sólo el pensar, que lo tendría cerca, la llenaba de emoción, y tristeza. Habían pasado tantos años, desde aquella última vez, que lo miró, desde aquel último beso... desde aquel último adiós.
Sólo la llamada de los altoparlantes, anunciando la salida de su vuelo, lograron sacarla de sus recuerdos. Ahora ella, estaría viajando hacia un nuevo destino, un destino que quizá sería por fin junto a él... ¡junto; a su eterno amor!

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 Mientras tanto, precedido de la enorme publicidad que le daba la prensa a través de la radio, diarios, revistas, y televisión, el encuentro inaugural, se vería enaltecido con la presencia del ya anunciado escritor, Peter Coral, que apadrinaría el evento.
Cuando el tan esperado día... llegó, en los camerinos, los jugadores, escuchaban las últimas indicaciones, de sus entrenadores. El campeón vigente, despertaba más expectativa aún, pues en sus filas, debutaría por fin, pepe lucho, quien llegaba a este encuentro, como la gran estrella del momento. Su enorme fama, lo colocaba en un sitial, expectante. Europa entera lo esperaba, y él estaba allí, para demostrar, por que, había sido contratado. Su juego habilidoso y contundente, sería aquella tarde, admirado por todos, los amantes; del buen fútbol. Las tribunas, que aquella tarde, lucían completamente llenas, se estremecían de júbilo y ansiedad, junto a los miles de hinchas que colmaban el estadio, llenándolo de colorido, bullicio, y algarabía.
Sin embargo, en su inquieto delirio, el destino, aquella tarde, había juntado en aquel coloso, a, aquellos seres, que durante tantos años, había separado. Allí entre las tribunas se encontraban... Isabel, Flor Elena, por otro lado Aurora, y en el estrado de honor rodeado de altas personalidades estaba Peter, mientras que en los camerinos, ya listo para salir, se encontraba José Luis (pepe lucho), el hijo de ellos.
¿Qué mágico sosiego, fue que hizo al destino, unir a estas sufridas almas, en un sólo lugar?
Tan juntas, y tan lejanas a la vez se encontraban, distanciadas sólo por el misterio de su sufrimiento. Aurora contemplaba la gloria de su hijo, mientras Flor Elena, ansiosa, buscaba con la mirada, la llegada de Peter.
Cuando los equipos saltaron al terreno de juego, el estadio salto de júbilo, el papel pica-pica, y los globos multicolores, llenaron de colorido los aires, mientras que segundos después, un hermoso castillo de juegos artificiales, llenaba el cielo de bellas figuras, y de alegres detonaciones. El estadio entero, convertido en un loquerío, coreaba fuertemente al unión universitario, y el nombre de pepe lucho, pues todos esperaban con ansias, a la estrella del encuentro.
De pronto, los altoparlantes irrumpieron en el ambiente, para anunciar el comienzo, del magno evento. Las tribunas cesaron sus gritos, por unos momentos, y los altoparlantes, con los equipos ya formados en fila, dentro de la cancha, anunciaron la llegada de Peter, quien apadrinaría, el famoso torneo.
-Bueno, damas y caballeros, su atención por favor -se escuchó- la federación de fútbol europea, se llena de júbilo y honor, al recibir en nuestro escenario, al laureado escritor Peter Coral... quien nos ha distinguido, apadrinando el torneo. Él dará, el play de honor, con lo cual comenzaremos el primer encuentro, después felicitará a los jugadores, de los equipos, y luego como es sabido por todos, hará una importante donación, para los niños pobres del mundo.
Damas y caballeros, con ustedes... ¡el señor Peter Coral!-
Los aplausos se escucharon incesantes, por todo el lugar, sin embargo, en una de las tribunas... una mujer llena de recuerdos, se estremecía en su llanto, al mirar a lo lejos, al famoso romántico. Isabel, que abrazaba fuertemente a su prima, sabía lo insoslayable, de aquel momento. Flor Elena, tiritaba en el frenesí del delirio, impulsada por la presencia de Peter, llegando a ese paroxismo, donde solo un alma enamorada, toca el cenit, de la pasionaria.
¿Acaso su alma estaba ahí?... o se encontraba en la cancha junto a él... ni ella lo sabia. Isabel tuvo que sacudirla fuertemente, para que la ausente mujer, volviera otra vez al presente.
Ya el famoso escritor, estaba parado, en el centro del campo, captando la atención de los presentes. Luego de subió al improvisado podio que habían instalado para la ocasión, y dirigió un preparado discurso, con el cual se gano el reconocimiento, y el aplauso del público. Luego llegó el momento, de felicitar, a cada uno de los jugadores. Peter bajó del podio, y luego de pararse cerca al medio campo, comenzó a dar la mano, felicitando a los jugadores, que siguiendo una ordenada fila, pasaban por su lado.
Uno a uno, iban pasando, al lado del famoso escritor. Cuando llegó pepe lucho... ambos no supieron por que, pero un sacudimiento extraño los embargó, al darse aquel apretón de manos, que los hizo mirarse fijamente a los ojos.
-Hola muchacho -dijo Peter estremecido- así que tú eres, el joven famoso del que tanto se escucha hablar. ¡Hombre te felicito!
-Que gusto me da, que un joven como tú, que proviene de una familia pobre, esté triunfando en la vida. Tu padre debe estar muy orgullos de ti, y no es para menos -dijo con ternura- como me hubiera gustado, tener un hijo como tú.
-Por eso, te deseo la mejor de las suertes, deseo que triunfes, y además, me encantaría ser tu amigo...claro si me lo permites-
-Sí señor - respondió nervioso el muchacho -sería un honor para mí. Conozco su trayectoria, he leído sus libros, y también he escuchado su música. Dígame -dijo algo sonriente- ¿quién no quisiera ser su amigo?... gracias, y tenga por seguro, que hoy le dedicaré, uno de mis goles.
Los dos se dieron un improvisado, y efusivo abrazo, como señal de algún nuevo encuentro. Luego caminó, para dar paso a otro jugador.
Sin embargo, antes, y mientras conversaban, allá arriba en la tribuna, Flor Elena, se había quedado perpleja, casi enmudecida... al ver a los dos juntos. Se había dado cuenta, del enorme parecido, que había entre ambos.
¿Por qué aquel muchacho, desconocido, se parecía tanto a Peter?... Y... ¿por qué al verlos juntos, sintió aquella sensación, que sólo se vive en un gran encuentro?
Ella veía por primera vez, a aquel joven, y sin embargo, le pareció conocerlo, de toda la vida, como si lo hubiera visto antes. Isabel al notarla ausente, le dijo para distraerla:
-Mira, Flor Elena, aquel joven del que tanto se habla, ¿lo ves?, aquel que estaba con Peter...
es nuestro compatriota. Lo que pasa, es que es una gran estrella del fútbol, por eso lo han contratado por acá -
-Dime... prima, ¿cuál es su nombre?
-El es conocido por todos, como pepe lucho y... ¿sabes?, nació en nuestro país y en nuestra misma ciudad. Así que hay que aplaudirlo, durante todo el partido -
Al escuchar eso, Flor Elena, tuvo una gran sensación de familiaridad... ¿acaso era el hijo que siempre había buscado?
-No, no... Eso no puede ser -se dijo a sí misma-
Pero, que parecido era a Peter. y Flor Elena, que había conocido al escritor en su juventud, hubiera jurado que aquel chico, era su familiar
Ya el promocionado encuentro, se desarrollaba emotiva y bulliciosamente El público se deleitaba con el deslumbrante juego, de pepe lucho, quien en cada jugada, arrancaba los aplausos de la gente. Sin embargo, el rival había planteado el encuentro, de manera hermética, y defensiva, donde a base del juego brusco, frenaban la buena avanzada del Inter Unión... el equipo campeón. El árbitro parecía no darse cuenta de esto, y el juego brusco, reinaba en el campo de juego, a pesar de las constantes protestas, de los aficionados.
Fue así, que en una avanzada letal, del inter unión, donde pepe lucho, luego de eludir a dos rivales, le puso un balón como con la mano, a un delantero que estaba al borde del área chica. Éste, antes de recibir la pelota, fue golpeado salvajemente, por los zagueros rivales, cayendo bruscamente, en el terreno de juego. El encuentro se paralizó por unos minutos, y el árbitro, no tuvo más remedio, que cobrar, un peligroso tiro libre. Era la oportunidad que todos esperaban, pues verían a pepe lucho, ejecutar el lanzamiento.
Una vez, ya lista la barrera, con las manos en la cintura él ya había medido la distancia hasta el arco, también, la dirección, fuerza del viento, y el lugar donde iba, a colocar el balón. El público de pie, miraba expectante, lo que sería un pincelazo, en la magia del fútbol.
Cuando el árbitro dio la orden, pepe lucho, con la pelota a cierta distancia del pie derecho, tomó impulso. Luego inclinándose un poco hacia atrás, le pegó al balón casi con el empeine de su pie derecho. El balón como obedeciendo la orden de su amo, inmediatamente cobró altura, pasando encima de la barrera. Pareció que iba a salir ligeramente alto, sin embargo al llegar a casi dos metros del arco, hizo una gran curva mágica, metiéndose justo por la esquina del segundo palo, muy lejos del arquero. La pelota fue a descansar al fondo del arco, para en una incesante rotación, besar las redes, de la portería rival.
El muchacho corrió inmediatamente, seguido por sus compañeros, hacia la tribuna principal, para festejar su gol. Escribiendo imaginarios papelitos, los lanzaba a la tribuna, dedicándole así, el gol a Peter Coral, tal como, se lo había prometido. Él de pie, junto con el público que gritaba eufórico la conquista, le hizo una señal de agradecimiento.
En el segundo tiempo el equipo rival al sentir que se acababa el partido, abandonó su planteamiento defensivo, para atacar...dejando así la posibilidad, de un triunfo claro, para el inter unión.
Ya, la heroica defensa del inter. unión, se lucía en cada rechazo, con que repelía el ataque enemigo. Fue así, que con el rival abandonado su guarida, que el inter unión, tuvo otra clara oportunidad de gol. Eran ya, los descuentos, cuando pepe lucho, recibió el balón cerca del área rival. Luego, pasó la pelota a un compañero, éste al comprender la jugada, le adelantó el balón, al empezar a correr hacia adentro. Nuevamente, al recibirla, le pasó la pelota en el aire, y éste se la devolvió, con golpe de cabeza.
Al mirar que la pelota llegaba hacia él, pepe lucho la paró con el pecho, dejándola quieta en su botín derecho, dio media vuelta, e hizo un quite hacia la izquierda, dejando a tres defensas, fuera de sitio. El balón siempre cerca de él, parecía no querer dejarlo solo, hasta que se lo ordene. Así fue que el arquero, al mirarlo que quedaba, prácticamente, con el arco a su disposición, salió de su arco. a cerrarle el ángulo de lanzamiento. Lleno de un inmenso olfato goleador, pepe lucho, le ganó en el mano a mano. Primero le hizo un sombrerito, para luego, antes de recibir el balón en el aire, con una majestuosa chalaca, introdujo la pelota al fondo del arco.
¡Gooollll!, gritaron eufóricos, los aficionados del inter unión... ¡Gooolll!
Nuevamente corrió, seguido de sus compañeros a la tribuna principal, para escribir imaginarios papelitos, y lanzarlos a la tribuna. Peter aplaudió contento, agradeciéndole, la dedicatoria.
El estadio era un loquerío... y el castillo de juegos artificiales, volvió a encenderse, y los globos multicolores, surcaron nuevamente, los aires. Aurora miraba emocionada, la destreza de su hijo, mientras que Isabel, y Flor Elena, gozaban a su manera del encuentro.
Luego de tres minutos, llenos de emociones, el árbitro dio por terminado el encuentro. Por los altoparlantes agradecieron su asistencia al público y a las numerosas personalidades. Pero Peter, no quiso retirarse del estadio, sin antes, agradecer personalmente, la dedicatoria de los goles. Acompañado, de numerosas personalidades, el escritor ingresó, al campo de juego. Cuando llegó al lado del muchacho, le dijo emocionado.
-Bien hijo... bien. Ahora sé que la prensa, nunca exageró, cuando hablaba de tu maravilloso juego, ¡eres genial...! Te agradezco enormemente, la dedicatoria de tus goles, de verdad que me ha conmovido, ¿sabes? ...Eso me hace tener una deuda contigo, una gran deuda que algún día te pagaré-
-Gracia señor, pero hice todo eso, porque usted me cae bien... ¿sabe?, yo nunca tuve padre, pues ni siquiera lo conocí. Pero hubiese querido, que sea un hombre talentoso con usted, con ese gran amor; hacía la gente humilde.
Sé de su donación para los pobres, y de su preocupación por los niños abandonados del mundo... yo admiro a los hombres como usted... ojalá hubieran muchas personas con su bondad-
-Gracias, hijo. Tú también me has caído bien, ojalá pronto nos veamos, y podamos conversar profundamente ¿te parece bien? -
-Claro señor... estaré esperando su llamada-
-Bien hijo, entonces te dejo, pues la prensa quiere entrevistarte, y no olvides nunca, que hay que ser humilde en la grandeza -le dijo a manera de consejo mientras palmoteaba su hombro en señal de despedida-
Cuando ellos, se abrazaron, al despedirse, allá en las tribunas del estadio, Flor Elena, una vez más, observó el enorme parecido entre ellos, y volvió a sentir la misma sensación de antes. Mas ahora, ya no se quedaría con la duda, no se iría de aquel país, hasta averiguar, ¿quién era ese joven?, ¿de dónde procedía? y ¿por qué era tan parecido a Peter?
¡Por todo eso, había decidido, quedarse cerca de ellos, para despejar todas sus dudas!

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Ya, para entonces,, los triunfos, y los halagos, para pepe lucho, llegaban por doquier; en su carrera... había conquistado aquel continente, y la hinchada, yacía; rendida a sus pies... ¡Era el ídolo!... sin embargo, sin saber los caprichos del destino, el fantasma de la tristeza, ensombrecería su vida, una vez más.
Fue en una de esas tardes gloriosas, cuando al calor, de los cánticos de la hinchada, lucía para el deleite de su público su desbordante y encantador juego. Sin embargo... ya era el centro, de aquellas jugadas mal intencionadas, por parte de los defensas rivales, que se sentían impotentes, de frenar, sus llegadas al arco rival.
Aquella tarde, el entrenador del equipo contrario, ya había dado órdenes severas, a sus defensas, para frenarlo. Éstos no le disculparían una sola jugada, a la estrella del inter unión. Fue por eso, que en aquella gran jugada, cuando avanzaba desequilibrante hacía el área chica, que en una jugada malévolamente pensada, los dos defensas arremetieron contra él... uno por delante, y el otro por el costado, patearon su pie de apoyo, con tal fuerza, que la rodilla del muchacho, pareció moverse de su sitio. Cayó bruscamente en el terreno de juego, mostrando en su rostro, una enorme mueca de dolor. Las tribunas callaron en ese momento, que parecía eterno. El árbitro paralizó el juego, sin embargo, el astro del fútbol, no se levantaría, del verde gramado. La camilla, acompañada del médico del equipo, entró raudamente en la cancha, para después de unos instantes, sacarlo del campo de juego.
El médico, al revisarlo, mostró una enorme preocupación, pidiendo inmediatamente una ambulancia, para trasladarlo con urgencia, a una clínica de operaciones especiales. La ambulancia raudamente avanzó, por las tupidas calles de la ciudad, para llegar con esmero, a la ansiada clínica, mientras miles de hinchas, preocupados ya se encontraban, en las afueras, portando cartelones, con frases de aliento, para su ídolo. El ajetreo en la clínica, se volvió intenso, mas una junta de médicos, decidió operar con urgencia, al astro del momento. Lo único que importaba, era salvarle la pierna.
Al enterarse de la noticia, Aurora, muy llorosa, llegó a la clínica, para estar cerca de su hijo. Mientras avanzaba, en el rezo de sus plegarias, la doliente mujer, era la expresión punzante, del dolor. ¿Por qué había ocurrido eso?... cuando la felicidad parecía haber llegado a sus vidas. Cómo olvidar las penurias que había pasado junto a su pequeño, cuando aún la pobreza, los golpeaba sin misericordia, y ahora... ¿qué pasaría con él? Para la sufrida mujer, lo importante era que él, salga bien de aquella operación, aunque su carrera quede trunca.
Simultáneamente, en otra parte del país...Peter, y Flor Elena, se enteraban a través de los medios de comunicación, de la desgracia del astro de fútbol... sin imaginarse, que se trataba de su hijo. Muy consternado, inmediatamente, seguido por su entorno, Peter (píter), enrumbó hacia la clínica.

Desde aquella tarde en la inauguración del torneo donde lo conoció...el escritor sintió nacer dentro de él, un enorme cariño por el muchacho, por eso no dudó un instante, y quiso estar cerca de él, para apoyarlo, en lo que fuera necesario. Cuando llegó a la clínica, encontró a Aurora, que sollozante, esperaba nerviosa los resultados de la operación. Ya habían transcurrido cuatro horas, desde que el joven había sido llevado, a sala de operaciones, y aún los médicos, no habían terminado su trabajo. Peter consoladoramente, se acercó a Aurora, para con fraternal abrazo, brindarle su apoyo, en ese difícil momento, donde más lo necesitaba.
Por otro lado... Flor Elena, al enterarse de la mala noticia, también quiso estar cerca del joven. Aún seguía impactada, por el enorme parecido entre él y Peter. Fue por eso, y por sus extraños presentimientos, que acompañada por Isabel, enrumbó hacía la clínica. Ella entraría como sea, para estar cerca de él.
Cuando llegaron a la clínica, luego de eludir a los innumerables hinchas, y periodistas que estaban afuera del lugar, las astutas mujeres, lograron ingresar, a la sala de espera. Más enorme, muy enorme... fue la sorpresa de las dos primas, al tener frente a ellas, a Peter. Nunca esperaron, encontrarlo en aquel lugar.
Flor Elena, casi petrificada, y enmudecida, lo mirada con asombro, ¡era él!... ¡el amor de su vida!... mientras Isabel, algo ya repuesta de la sorpresiva impresión, moviéndose con lentitud, exclamó con interrogado fervor:

- ¡¿Peter?! -
- ¡Isabel ¡... ¡Dios Padre!, pero que sorpresa... pero... ¿cómo es posible, qué después de tantos años, y de tantas angustias, las encuentre en este lugar?
-Amigo, déjame abrazarte -dijo ya repuesta de la sorpresa Isabel- sigues tan guapo como siempre... ¡oye!... Pero, ¡mira, quien está aquí!... es Flor Elena... ¿Te das cuenta Peter?... ¡es Flor Elena!-
La mirada del escritor se encendió, en su fervor, al escuchar aquel nombre. Los recuerdos de antaño, llegaron a su mente, y a su corazón... ¡No la había olvidado!... ella había estado presente, todos estos años en su corazón, y él nunca, había sido feliz, sin ella, pues aún vivía, en su destino, era su gran amor.
-Flor Elena... pero... acércate prima ¡es Peter! - dijo Isabel, sacándolos a ambos, de su mutismo-
-Hola Flor Elena... -habló susurrante el escritor- soy yo... espero que todavía me recuerdes...y me consideres tu amigo-
-Peter... ¿Cómo estás? es que... estoy, muy sorprendida, no esperaba encontrarte aquí-respondió con los ojos fijos en la mirada de él Parece que te ha ido muy bien, hoy eres un hombre famoso, y dueño de una gran fortuna-
-Es cierto, Flor Elena... pero sabes, la mayor fortuna que es el amor, nunca la he encontrado. Pero cuéntame de ti... seguro que te has casado, y ya tienes tus hijos, debes ser muy feliz-

Flor Elena, lo miró fijamente, para luego volver la mirada, hacia una de las ventanas, de la sala de espera. Ahí del vació, hubiera querido atrapar la respuesta emotiva, para ponerla, en el corazón del escritor. Al volverlo a mirar, su voz quieta se estremeció.
-No... No, nunca he sido feliz... ¿sabes?... porque amé mucho a un hombre, que nunca más volví a ver. Se fue de mi vida, llevándose con él, mi felicidad-
Al responder esto, Flor Elena, sintió en él temblor de los ojos de Peter, que había entendido, sus palabras, y que sabía que ese hombre; era él. Como atrapados por un mágico magnetismo, que los quería unir, ambos se acercaron, llegando a tomarse las manos. Sus miradas fijas, y sus palpitantes, corazones suplicantes, llegaron a empujarlos, al inmenso cielo del amor.
Sin embargo... sus miradas que se entrelazaban, y sus labios que imploraban un beso, se vieron interrumpidos, por la voz del doctor, que rompió aquel encanto, al llamar a Aurora, para anunciarle el estado de su hijo.
-Señora... ¿usted es la mamá? -
-Si doctor-
-Pues debe tener paciencia, nosotros hemos hecho, lo que estuvo en nuestras manos, ahora todo está en la voluntad de Dios Padre -
-Como... ¿cómo está? -preguntó Peter con ansiedad-
-¿Usted, es el padre? - preguntó el médico-
-No doctor, pero es; como si fuera mi hijo-
-Mire, va a tener un largo proceso de recuperación de algunos meses, después de eso, le haremos otros análisis, y de allí, determinaremos, si puede seguir, o no, jugando fútbol-
-Pero... ¿tan grave ha sido la lesión doctor? -
-Así es mi amigo... Pero él es un chico fuerte, y estoy seguro, que se recuperará. Bien, ahora los dejo, porque tengo que ir a atender, a otros pacientes, pero si desean, pueden entrar a verlo, el aún está dormido, así que no le hagan mucho ruido... bueno con su permiso-
El galeno se retiró, mientras ellos, se dirigieron al cuarto, donde estaba internado. Al entrar, todos se acercaron a la cama del muchacho. Aurora se sentó en la cabecera, para acomodarle la camisa que se la había desabotonado, dejándole al descubierto, sus hombros.
-¡Dios Padre!.. -exclamó Flor Elena, tapándose la boca, para no gritar, mientras sus ojos, algo desorbitados, no podían creer; lo que veían-
Aquel muchacho, tenía en su hombro derecho, cuatro lunares ¡Sí!... eran aquellos cuatro lunares, que ella había visto a su hijo, cuando recién había nacido. Su corazón de madre, golpeó fuertemente su pecho, y sus piernas, temblaron; ante la inquietud, y su asombro. Su exclamación, se escuchó en todo el cuarto, llenando de zozobra, a todos los presentes, y al no poder contener su desesperación, salió casi corriendo, del cuarto, seguida por Isabel, que aún no entendía, lo que pasaba.
Al salir a la calle las dos mujeres abordaron un taxi para dirigirse a su domicilio. Al llegar... Flor Elena cayó desfalleciente en el sofá de la sala, bajó la mirada intrigada de Isabel, que aun... no entendía lo qué pasaba.
Flor Elena, estuvo llorando con las manos en el rostro, por un largo tiempo. Luego, algo repuesta, se dirigió a Isabel, con voz desesperada.
-Es él... es él prima... ¡es él!-
-Pero, Flor... ¿quién... quién es él? -
-Ese chico que está en el hospital, ese muchacho prima -hizo una pausa antes de decirlo-... ¡es mi hijo!-
-¡¿Cóoommoooo?! - gritó sorprendida Isabel-
-¡Sí! prima es él... te acuerdas que una vez te dije, que yo presentía, que me lo habían cambiado en el hospital. ¿Sabes?... antes de perderlo, el médico que atendió mi parto, me enseñó a mi hijo, y yo pude ver, que en su hombro, tenía cuatro lunares en forma circular.
-Durante todos estos años, he buscado a mi hijo, sólo por esta marca, y ningún chico los tiene. Pero mira, aquel muchacho que está internado en la Clínica, tiene los cuatro lunares... ¡él es mi hijo! -
Flor Elena, se paró del sofá, para luego ir a arrodillarse, en el balcón, buscando a Dios Padre, con la mirada en el cielo... para agradecerle infinitamente.
-Gracias Padre Celestial (YHWH) gracias por devolverme a mi hijo-

Isabel, aún asombrada, volvió a preguntar:
-¿Por qué tanta seguridad Flor Elena?-
-Porque nadie tiene esos cuatro lunares, prima, además, desde que lo vi, en el estadio, tuve este presentimiento... es que ¿acaso no te das cuenta del enorme parecido, entre Peter y él?
-Además... observa... cómo a Peter le nace estar cerca de él. Es la sangre Isabel... ¡es la sangre!-
Ya algo convencida, Isabel volvió a preguntar:
-Pero... si él es tu hijo ¿qué vas a hacer?... ¿Cómo se lo dirás? Y la señora que dice que es su mamá ¿cuál será su historia?.. Ahora, cómo se lo contarás a Peter, pues el nunca ha visto a su hijo -
Flor Elena, se paró angustiada, al escuchar las interrogantes de su prima. Ella tenía razón. Qué camino debía seguir... ¡aún no lo sabía!... pero debía idear la forma, de resolver, tan grave encrucijada.
Mientras tanto... en la clínica, aun consternado, Peter no salía de su asombro. ¿Qué estaba pasando?... ¿Porqué, sólo había bastado, que las dos entraran al cuarto, a ver a pepe lucho, para que salgan casi corriendo, sin despedirse de él ¿por qué...?, se preguntaba.
Pues, así, como habían aparecido, también se habían esfumado, y él ahora, no sabía donde encontrarlas. Sintió una gran angustia en su alma, y así, casi atribulado, acaricio la frente de pepe lucho, que aún continuaba dormido,
Luego, de unas horas, se despidió de Aurora, marchándose del hospital, prometiéndole volver pronto.
Aurora por su parte, estaba llena de angustias, había reconocido en los ojos de Flor Elena, esa mirada sublime, que solo lo tienen las madres, al contemplar a un hijo.
-¿Pero... por qué salió corriendo asombrada?, ¿acaso aquella mujer, conocía a su hijo?
Se preguntaba, mientras en su pecho se abrigaba un extraño presentimiento, la calma y tranquilidad, estaban desapareciendo, poco a poco de su corazón, y mientras acariciaba los cabellos de pepe lucho, la abnegada mujer, sintió correr lágrimas en su rostro, por un cruel presentimiento.
La recuperación de la estrella del inter unión, era lenta, por lo tanto, el equipo, tenía que enfrentar decisivos partidos, sin su astro Mientras tanto, la prensa como la hinchada, estaban pendientes a diario, del estado del ídolo. La televisión le dedicaba grandes espacios, en sus noticieros, y la radio y los diarios, comentaban incesantemente, sobre su salud. Habían pasado quince días, y los médicos personales del joven, ya habían dado orden, para que termine su recuperación, en la gran mansión, donde residía.
Mas... sin embargo... una madre preocupada en perder a su hijo, otra... que parecía haberlo encontrado, y un esc que buscaba desesperado... vivían cada uno, lo que parecía una postergada historia. Una historia que buscaba con frenesí, el paradigma, de un feliz desenlace.
Dueños cada uno de un camino diferente, donde el destino parecía juntarlos, y alejarlos a la vez. Al unir, y desunir sus hilos, llevándolos juntos, a un mismo encuentro, sin final. Ellos ignorando estas ironías, se acercaban cada vez más, y más, a lo que sería tal vez... el unísono de un desencanto.
Pendiente de su hijo, Aurora, contestaba en ese momento, la llamada telefónica de Peter, que preocupado, preguntaba por la salud de pepe lucho. El escritor, además le contaba, que se hallaba fuera del país, por eso no lo había visitado Luego de contestar la llamada de Peter, la preocupada madre, tuvo que contestar otras llamadas más, de la prensa, y de los amigos de su hijo... algo atribulada, después ordenó a su ama de llaves, que atienda, las llamadas.
Aún estaba, sentada en el elegante sofá, cuando el joven futbolista, ayudado por sus enfermeras particulares, llegó caminando a su lado.
-Pero hijito... ¿por qué te has levantado?, si, ya iba a verte-
-¡Oh mamá!.. Pero... si ya puedo caminar, además como sabes, quiero estar reestablecido, en mes y medio, pues no puedo demorar más tiempo, mamita linda - le dijo mientras tocaba una de sus mejillas
-Bueno... está bien hijo -respondió ella, levantándose del asiento, tratando de ocultar la preocupación que la embargaba. Seguida por la mirada del muchacho-

-Mmhhhh... Me parece, que algo le sucede a mi mamá, como si algo le preocupara, ¿pero qué será?... Lo malo es que seguro, no me lo contará para no preocuparme -pensaba mientras observaba, a Aurora, que lentamente caminaba, hacia los grandes jardines; de la mansión-
Allí sola, y apoyada en un gran árbol de Cedro, que le brindaba placentera sombra, la preocupada madre, no dejaba de pensar en lo mismo.
¿Acaso aquella mujer, que salió casi corriendo de la sala de recuperaciones, era la verdadera madre de pepe lucho?... ¿Qué pretendería... tal vez quitarle, al ser que amaba como un hijo? ¿Por qué aparecía recién ahora, a los veinte años?
Ella todavía recordaba, la vez primera, cuando corriendo, aun siendo un niño, llegó hasta ella asustado, huyendo de aquellos hombres que lo perseguían. Ella nunca se preocupó, por averiguar su pasado, y sólo, vio pasar los años, a su lado. Ahora, parecía que alguien más le disputaría su cariño. Esto, le causaba una enorme tristeza, y gran preocupación.
Ella no dudaba del amor del joven, y aunque los dos sabían, que no eran madre e hijo, nunca habían tocado el tema. Sólo se habían dado cariño, luchando juntos, para salir adelante.
Por otra parte... Flor Elena, vivía la inquietante zozobra de una inmensa duda. Ahora si sabía quién era, y donde estaba su hijo, mas también, se preguntaba... ¿Cómo había llegado a las manos de esa mujer? Y lo más grave... ¿por qué se lo había quitado? Gruesas lágrimas corrían por su rostro, en una mezcla de tristeza, y alegría.
Sentía tristeza, al recordar, cómo había perdido a su hijo, y todo lo que sufrió, al no encontrarlo, y alegría, al saber que él estaba vivo, que era un triunfador, y que quizá... podía, tal vez, recuperar su cariño. Isabel, que muy inquieta la observaba, se le acercó lentamente, y ya no pudo contener, aquella inquietante pregunta.
-Y ahora prima... dime ¿cómo se lo dirás a Peter?... él tiene derecho a saber, que tuvieron un hijo, y que ahora, ambos, tienen que recuperarlo.-Además le resultará novelesco, pensar, que aquel joven es su hijo. Lo imaginas -le dijo al mirarla fijamente-... él no se ha casado, ni ha tenido hijos, y de pronto, la vida le devuelve a su gran amor, y al hijo que tanto esperó -
Flor Elena, no quiso contestar, sólo se limitó a sentarse nuevamente, para fijar la mirada, en el vacío, y sumergirse, en sus meditaciones...

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Mientras tanto... pepe lucho, se recuperaba rápida y satisfactoriamente de su lesión. Ponía todo, de su parte, por que sabía, que si quería seguir con su brillante carrera, tenía que estar en forma, lo más rápido posible.
Sin embargo, todo ese tiempo, ya se había dado cuenta, de la notoria preocupación, que Aurora tenía en su rostro. Y aunque muchas veces, se lo había preguntado, la abnegada mujer, no le había confesado, el motivo de sus preocupaciones.
Ya en su cancha privada, el joven futbolista practicaba con el balón, que antaño, Aurora le había obsequiado, al cual le tenía un cariño inmenso, por eso lo atesoraba, en su corazón.
Por otro lado, su recuperación era satisfactoria, por eso, cada día que pasaba se sentía mejor, y el preparador físico le pedía cada vez ejercicios más exigentes.
Por su parte, Aurora, caía cada vez más, y más, en aquella honda preocupación. La buena mujer tenía el presentimiento que en cualquier momento llegaría aquella mujer, a reclamar a su hijo, y eso la mantenía en sobresaltos. Además pensaba en la reacción de su hijo, y en su decisión, al tener frente a él, a su verdadera madre, ¿tal vez... se olvidaría de ella? o, ¿tal vez... ¡no!? Para ella todo eso, era un inmenso sufrimiento.
Aquella tarde, mientras el brillante futbolista daba la tan esperada conferencia de prensa, donde anunciaba públicamente su total recuperación, y su regreso, al equipo campeón inter clubes... Aurora no quiso empañar la alegría de su hijo, con sus preocupaciones, por eso, salió a caminar con el ama de llaves, para distraerse y después, ir de compras a cualquier lugar. Su intención, era salir a cualquier parte, mientras su hijo vivía la alegría, de volver; a jugar fútbol.
Después de caminar, por espacio de dos horas, ellas llegaron, a aquel enorme centro comercial, lleno de galerías, donde se exhibían, los mejores artículos del momento. Así, poco a poco, fueron recorriendo los diversos stands, hasta llegar al onceavo piso.
Allí almorzaron, conversaron largo rato, y luego siguieron comprando. Ya, a eso de las seis de la tarde, fue que decidieron regresar, entonces, junto a dos personas más, abordaron el ascensor, para llegar rápido a la calle. Al ingresar al ascensor, este pareció moverse, casi dos pisos abajo, y luego extrañamente, se detuvo, para sorpresa de sus ocupantes. Llenos de estupor, y miedo, comenzaron a gritar, pidiendo auxilio, a la vez que muy desesperados, ajustaban con desesperación, los botones, que indicaban los pisos, que subía, y bajaba el ascensor.
Los vigilantes del enorme edificio, al darse cuenta de la emergencia, trataron de bajar rápido; la averiada máquina. Sin embargo, debido al gran atoro, que sufría el ascensor, el grueso cable que lo sostenía, venía sufriendo cortaduras, ya que una gran hélice, que servía para cierta ventilación, se había desviado de su sitio, llegando justo, hasta el grueso cable; amenazando con cortarlo. Los empleados, al darse cuenta de esto, trataron rápido de volver, la hélice, a su sitio, para que no siga cortando el cable, y el ascensor no caiga, desde esa gran altura, causando quizá, la muerte de sus ocupantes. Al no poder lograrlo, tres de ellos, bajaron rápidamente a la sala de control, y suministros, para cortar la energía eléctrica, y así detener la gran hélice.
Los minutos avanzaban angustiosos, para las personas, tanto en el ascensor, como fuera de este. Mientras el grueso cable, cada segundo que pasaba, perdía su enorme consistencia.
Los empleados del gran edificio, veían con temor y terror... como el cable, ya estaba a punto de romperse, y hasta allí, no habían podido detener la hélice ¡El ascensor caería en cualquier momento!
Aurora junto a los demás ocupantes, presos de la angustia, comenzaron a rezar con devoción... pidiendo a Dios Padre un milagro, para salir ilesos de aquella pesadilla. Estaban rezando, cuando sintieron aquella vertiginosa sensación de caerse al vacío. Un enorme grito, escapó de cada una de sus gargantas, y para cada uno, sólo llegó una gran oscuridad... ¡el ascensor había caído!
El golpe fue estrepitoso, arrancando un ruido, ensordecedor. Los bomberos, ya avisados de la emergencia, comenzaron junto a la policía, a tratar de sacar de la siniestrada máquina, a sus ocupantes. Ayudados por grandes sopletes, y sierras cortadoras, después de una ardua lucha, por fin pudieron abrir el fatal ascensor.
El cuadro que se vio, fue conmovedor, todos estaban en el piso, regados, sangrantes, e inconscientes. Al llegar las ambulancias, su ulular, inundó las calles, llevando a todos los agraviados, raudamente, de emergencia.
Cuando llegaron, los médicos determinaron la muerte de uno de ellos, mientras otro herido, había sufrido lesiones en su columna, que lo dejarían inválido.
El ama de llaves que acompañaba a Aurora, había tenido mejor suerte, pues sólo había sufrido, la rotura de la clavícula, y un gran hematoma en la cabeza, por lo que había perdido, el conocimiento. Mientras que el estado de Aurora, era más delicado, pues debido a que había recibido el golpe de manera frontal, su cuello parecía haberse roto, y en sus pulmones, se estaba desatando una hemorragia que podía en cualquier momento; acabar con su vida.
Pepe lucho, ya había acabado su conferencia de prensa, cuando recibió la mala noticia, a través del presidente del club. Enmudecido por el dolor, abordó junto al presidente del club, la elegante limosina, que lo llevaría a la clínica, donde estaba su madre. Desesperado, bajó del vehículo, seguido por los hombres de prensa, en busca de la mujer, que mas adoraba en la vida.
El grupo de galenos que aún atendían a la convaleciente mujer, se hicieron a un lado, al ver llegar a su famoso hijo, que con su espíritu, lleno de dolor...cayó junto a la cama de la mujer, que le había dado tanto cariño... y tanto amor.
-Mamacita... ¡Ay mamita!.. ¿Por qué Papá Dios?-
Al escuchar a su hijo, Aurora haciendo un gran esfuerzo, trató de abrir sus ojos, que cada vez, se le oscurecían más y más.
-¡Hijo... mío! todavía estoy aquí... ¡no sufras! -Le dijo tratando de mitigar su dolor- Sólo acuérdate, que fuimos felices juntos y que te quise como a mi verdadero hijo
-Pero mamita... ¿por qué ahora me dices eso?... tú sabes que te quiero mucho, y que eres, mi única mamá. Para mí, no hay mujer más buena en este mundo... yo cambiaría todo lo que hoy tengo, para que sigas a mi lado... ¡eres el gran amor de mi vida!, el inmenso cariño, que no se olvida.
Aurora, casi desfalleciente, sentía que la vida se le escapaba del cuerpo, por eso puso gran frenesí cuando le pidió a su hijo.
-Hijito mío -le dijo con ojos amorosos, lagrimosos, y parpadeantes- desde aquel día, que asustado llegaste a mi lado, yo te he querido, como si en verdad fueras mi hijo, pero ahora, que parece que te voy a dejar solo, en el mundo, quiero que me prometas que buscarás a tus verdaderos padres... ¡No!... ¡No por favor!, hijo, no me digas nada, sólo prométeme que lo harás, para darte mi bendición, y poder descansar tranquila... cooofff coooffff-
La voz agonizante de la mujer, fue interrumpida, por las inoportunas convulsiones, que le causaban un gran sacudimiento, y dolor. Luego de soportar esto, volvió a decirle a su hijo.
-Me dolería mucho partir, sabiendo que te quedas solo en la vida, pues hay gente mala, que sólo te aprecian, cuando les eres útil. Por eso, hijo mío, prométeme, que buscarás a tus verdaderos padres, y que serás feliz, al lado de ellos. Ámalos de corazón, pues son los únicos que te amaran de verdad... coooffff coooffffff
¡Hazlo hijo mío... prométemelo! -le susurró, como un ruego-
Pepe lucho, aguijoneado por el dolor inmenso, de ver a su madre, agonizante en aquella cama, ocultó el rostro entre sus manos, y sus cabellos se vieron humedecidos por las amargas lágrimas que brotaron, de sus ojos.
Con la mirada suplicante, apretó su mano entre las suyas, tratando de transmitirle así, su propia vida, luego llenándose de dolorosa impotencia; le suplicó.
-Haré lo que ud, me pida madrecita... pero no me dejes solo, nada de lo que ahora tengo, lo quiero, si no estás a mí lado, pues todo eso, lo gane para ti. ¡No me dejes!... ¡no me dejes solo, viejita linda!, imploró, rompiendo en amargo llanto-
-Te acuerdas hijito -habló, agonizante, con voz ya pausada, pues la vida se le estaba acabando- aquella cancioncita que cantábamos, cuando eras pequeño... ¡Como un balón rodando!... quiero que ahora, tú y yo, la cantemos en mi despedida... canta conmigo... mí pequeño.
Con su mano, acariciando a su hijo, presa de fuertes dolores, Aurora, empezó a cantar, seguida por el sollozante joven.
-Voy por la vida, triste y perdido, sin suerte, y sin fortuna, como un balón rodando sin amor, y sin su destino encontrar, soy un balón que rueda -sus voces en coro, arrancaban lágrimas, a los que allí, estaban presentes- que rueda, y rueda, sin saber donde irá a parar...para mi no hay consuelo, y la vida triste, me hace sufrir y llorar...
Sólo tengo a mi madre, y a Dios Padre, que me espera en la eternidad.
-Entre dichas y desdenes, tropezando te encontré, ya no podré vivir contento, si no estás aquí. Como no he de llorar...como dejar de sufrir...si me quitan lo que es mío...me arrancan el corazón -
Al llegar a esta triste nota, la voz de Aurora, casi, no se escuchaba. Después, haciendo un último esfuerzo, alzó su voz...y mirando, así entre una angustia sin final, a su hijo... expiró, cantando, con profunda, melancolía...
¡Soy un balón rodando!... ¡yo soy un balón rodandooooo!... Y ella cerró sus agonizantes ojos, para no abrirlos más. Su voz se apagó, y su cuerpo, ya inmóvil, dejó de apretar la mano de su hijo, que desesperado gritó.
-¡Nooooo!... ¡noooo Dios mio!... ¡Ayayay Padrecito Santo, qué dolor!... madrecita...madrecita mía... llévame contigo, no me dejes solo, mi amor-
Para que, quiero, la vida, si ya no estas conmigo, corazón. ¡Ya no quiero vivir!
Ahora sí, compadézcanme, todos, y sepan mi profundo dolor...

-Ayayayayyyy...de todos los huérfanos del mundo,
el más triste... soy yo.
Yo... porque, al perder a mí madre,
me perdí en un ensombrecido submundo esquivo,
donde vive, el anti amor, soledoso; y sin calor.

De todos los huérfanos, el más triste, soy yo,
¡SI! porque, a partir de este momento,
en la inolvidable amargura,
del suplicio... que murmura,
sufro, martirios inmensos,
en la espina de mi dolor.

De todos los huérfanos, el más triste...soy yo,
yo... porque, al acabarse por llanto; mis lágrimas,
entiendo tardío... que ella, mi sin igual estrella,
única, y abnegada, fue inmensa en su amor,
y al perderla... he perdido mi alegría,
mi consuelo, mi esperanza..
.y también, mi vida...¡aaahhhhhhhhhhh!
___________________________

Todos los presentes, incluyendo al presidente, y los dirigentes del club, acompañaron al doliente, entre sollozos callados, gimiendo en silencio, por él.
Luego, con los ojos muy humedecidos, se le acercaron para consolarlo, mas la esperanza, se alejó, pues, muy perdido, y estremecido, no quería dejar de abrazar, y besar, al inerte cuerpo, de su querida madre, mientras imploraba misericordia al destino.
Su cuerpo allí presente, mas su espíritu ausente, buscó en los dominios de la misericordia, aquel infinito consuelo, impropio de los infelices, y allí, donde los que siempre sufren, tienen el podio del infortunio, quiso encontrar la vida para ella, pues su madre era su vida, y su infinito; consuelo.
Luego de un tiempo, que pareció infinito, lograron ponerlo de pie, y casi cargándolo, trataron de sacarlo de allí. El joven al resistirse, muy agobiado por el inmenso dolor espiritual que sufría, cayó, súbitamente, perdiendo; el conocimiento.
El presidente del club, y sus compañeros de equipo, al verlo así, lo sacaron, por la parte trasera de la clínica, para que la prensa, no vea en ese estado, al ídolo de tantas multitudes.
Luego de subirlo en la lujosa limosina, lo llevaron hasta su mansión, donde el joven, atendido por su cuerpo médico, trataría de recuperarse, de ese duro momento.

______________________________________

Mientras tanto, en otro país... Peter se enteraba muy consternado, a través de los medios de comunicación, de la desgracia, de su joven amigo. Aún, se encontraba promocionando por esos lares su nueva obra literaria, mas al saber la noticia, no dudó un instante, y preparó rápidamente su regreso, para estar cerca de él.
Por otro lado, Flor Elena, al enterarse, de la tragedia, presintió el sufrimiento de su hijo, y en su lado más intimo, callada, y lejana, lo acompañó en su pena. Sin embargo... aún no sabía, como llegar a su lado, para consolarlo, y ganarse; su cariño. Fue en ese momento, que Isabel, entró al dormitorio, y con cierta esperanza, le dijo...
-Flor Elena... Flor Elena, mira el periódico, dice que Peter regresa mañana-
-¿Dónde dice eso?... -preguntó inquieta, saliendo un poco de su mutismo-
-Aquí mira -le señaló la noticia- dice que el famoso escritor regresará mañana al país, para estar cerca de su gran amigo, pepe lucho, en estos momentos, que sufre la desgracia, de la pérdida de su madre.
-¿Te das cuenta?.. Si te pones a pensar, podrás estar cerca de los dos, y aún más de tu hijo, ahora que tanto te necesita-
Flor Elena, se paró perturbada, y comenzó a caminar en círculos. Isabel tenía razón, pero cómo podría hacer, para lograr eso. Ella quería con toda el alma, quedarse al lado de su hijo, para estar cerca de él, en todo momento.
-Tienes razón prima... ¿pero cómo haré para lograr eso?... yo quisiera quedarme al lado de mi hijo - dijo esto mientras su mirada se entristecía-
-Ya pensé en eso -Isabel, iluminó su mirada, al decirlo- Mira... mañana iremos primero, a visitar, a Peter, el seguro nos recibirá, y como él, va a visitar a tu hijo, nosotras iremos con él. Luego le pediremos, que le diga, que permita, que tú te quedes a su cuidado, pues él necesita de una persona de confianza a su lado, y como él quiere mucho a Peter, seguro que no se negará, y de esa manera, estarás al lado de tu hijo, ¿te parece bien? Ahora... quisiera saber ¿cuándo le vas a decir a Peter que él es el hijo de ustedes, me parece, que ya debes decírselo?...-
-¡Nooo por favor!... -angustia interrumpió a su prima- todavía no, te lo ruego. Sólo quiero un poco más de tiempo, para estar al lado de mi hijo, después te prometo que yo misma se lo diré-
-Está bien mujer... no te alarmes yo sólo opinaba. Pero si así lo quieres, después tú se lo dirás... pero eso si, díselo... porque si no lo haces, se lo diré yo ¿de acuerdo?-
-De acuerdo prima... a su tiempo, yo se lo diré-...
Ya un poco más tranquila Flor Elena se abrazó de su prima. Tal vez, mañana se quedaría a lado de su hijo, de ese hijo, que tanto, y tanto, había buscado, y por fin; había encontrado.
Fue a eso, de las once de la mañana, del día siguiente, que ellas llegaron en busca de Peter, después de ser anunciadas, el escritor las recibió en su oficina privada.
Grande fue la alegría de Peter al verlas, pues pensaba, que nuevamente, las había perdido. Después de un efusivo, e inolvidable recibimiento, Flor Elena le pidió, lo que habían acordado con su prima entonces, muy amorosamente, Peter, le dijo, haría lo que ella desee. Luego de brindarles unos manjares, partieron en la limosina del escritor, rumbo a la lujosa mansión del joven.
Cuando llegaron, pepe lucho, se encontraba encerrado en su recámara, pues no quería, recibir a nadie. El día anterior habían sido los funerales de Aurora, y su sufrimiento por la enorme pérdida, era incomparable.
Sólo al enterarse, de la llegada de Peter, el doliente joven, aceptó salir a la suntuosa sala, de recibimientos.
-Hijo... -Peter habló con ternura al verlo acercarse en verdad, lo siento... ¡lo siento mucho!... te comprendo y a la vez comparto tu dolor... pero la vida es así, hoy nos da, y mañana nos quita. Sólo hay que seguir adelante, hasta que Dios Padre, decida lo que viene-
El joven abrazó al escritor, y lloró amargamente en sus hombros. Flor Elena, e Isabel, miraban estremecidas, la conmovedora escena.
El corazón maternal, de Flor Elena, sufría junto a su hijo, y sufría aún más, al no poder decirle, que ella era su verdadera madre, y que estaba allí, para quererlo, para consolarlo, para vivir junto a él, todo lo que la vida les depare.

Luego de un rato, cuando estaba más calmado, Peter lo condujo, hasta un sofá, después de sentarlo, se quedó junto a él, para con ternura decirle.
-He querido estar junto a ti amigo querido, por eso estoy aquí, y agradezco que me hayas recibido.-
-Peter... tú sabes lo mucho que te aprecio -dijo aún con los ojos enrojecidos por el llanto- después de mi madre, eres la persona que más admiro. Ahora que ella no está, sólo te tengo a ti

¿sabes amigo?...vivo una noche eterna ,y aquel día fue muy triste, sí se acabo su vida porqué aún vivo estoy. Todos me dieron los abrazos del pésame y el consuelo ¿para qué?..sí lejana en alto cielo solito mi mamá me dejó. Luego cargaron su cuerpo hasta una tumba fría, sentí que mi agonía con ella allí lloró. Dejaron lindas flores se nublaron las pupilas, mamá estaba dormida ¿poqué no despertó? Viví muy engañado creyendo que era mía, mi vida cambiaría por ella y por su amor. Fue parte de mi vida con sus preocupaciones cuidó con bendiciones mis días de dolor. Ahora sí estoy llorando, es esta mi agonía...de los huerfanos del mundo esl más triste soy yo...soy huerfano en el mundo... y el más triste soy....yo -volviendo a apoyarse en su hombro sollozante le dijo- Gracias Peter por ser mi amigo, por tu apoyo...te estimo y te quiero mucho-

-Yo también te quiero, y te admiro mucho, pues sé tu historia. Sé la manera, como has sufrido, para salir adelante, sé de tu triste niñez, y los sufrimientos que has pasado... pues, lo que ahora tienes, lo has conseguido con tu esfuerzo.
-Sin embargo, eso es lo que me preocupa -el escritor lo miró fijamente- pues casi que no tienes familia, estás sólo, y a veces los amigos, son traicioneros. ¡Mira!... -dijo haciendo una pausa, y a la vez señalando, a Isabel, y a Flor Elena- ellas son mis mejores amigas. Las conozco desde que tenía tu edad, son excelentes personas, en ellas sí puedo confiar.
-Hijo quisiera que aceptes, que una de ellas, se quede a tu cuidado, para que esté contigo, en este momento tan difícil. Quizá llegues a apreciarla con el tiempo, o, tal vez, llegues a quererla como...a una madre -su voz imploró cuando le preguntó ¿qué me dices?-
-amigo... en este momento, no tengo cabeza para nada, voy a dejar todo en tus manos. Decide lo que debo hacer, que yo lo aceptaré-
-Está bien -dijo Peter cogiéndole el hombro con cariño paternal- pero... vengan acá -llamó a Flor Elena, e Isabel- miren, les voy a presentar a pepe lucho, aunque es una estrella del fútbol, es un chico muy sencillo y bueno, tan bueno, como un niño... creo que es un niño grande-
Las dos mujeres, se acercaron para saludarlo, sin embargo, cuando Flor Elena lo besó, él, alzó la mirada, y un extraño estremecimiento, recorrió su joven alma. Ella logró acariciar sus cabellos, y la alegría inmensa, que sentía, casi la hizo llorar. Luego, conversaron de muchas cosas, y al cabo de unas horas, Isabel se retiró, según lo que acordaron. Después, Flor Elena, se alejó un poco, y escuchó, al escritor, que ya se despedía del muchacho.
-Bueno amigo... ahora te dejo, pues necesitas seguir descansando. Pero ella -dijo señalando a Flor Elena- se quedará a tu lado, y cuidará de ti. Permítele estar cerca, y ya verás, que pronto se ganará tu cariño; y tu aprecio-
Luego, se levantó junto al joven, y después de abrazarlo se despidió, prometiéndole regresar, al día siguiente.
Al quedarse solos, Flor Elena, inmediatamente se acercó a su hijo, para ofrecerle su ayuda. Luego, lo condujo a su recámara, llevándolo hasta su cama para luego abrigarlo y dejarlo descansando. Al salir, se quedó paralizada, un buen rato, por la emoción. Ya estaba al lado de su hijo, ahora todo dependería de ella, tenía que ganarse primero, su cariño, y después; le diría la verdad.
Al día siguiente, le preparó personalmente su desayuno, y al llevárselo a su recámara, lo hizo con tanto amor, que a él le pareció muy delicioso, y por fin comió algo. Después, ella escogió la ropa que él se pondría, ese día.
Cuando Peter llegó, encontró al muchacho, con el semblante algo mejorado, después de saludarlo, charlaron un buen rato. Pepe lucho le preguntó, sobre su última obra literaria, y Peter en forma de broma, le preguntó como se portaba, Flor Elena. Aún adolorido, le contó, que ella cocinaba delicioso, y que ahora, si deseaba, se quede a su lado. Fue en ese momento, que llegaron los dirigentes del club, que asediados por la prensa, querían saber, como se estaba restableciendo, el astro, del Inter. unión. Pepe lucho, al saber de su presencia, le pidió a Peter que lo disculpara un momento, para atenderlos, y luego volvería con él.
Cuando él, Salió, Flor Elena que lo seguía con la mirada, volvió su atención, hacia Peter. Luego, de una sensación intima, le agradeció con ternura...
-Gracias Peter... muchas gracias... ¡eres un sol!-
-Gracias pero, ¿por qué?, te dije que haría lo que me pidas, y eso, es lo que estoy haciendo, pero dime... aún no comprendo...
¿Por qué quieres estar cerca de él, si ni siquiera lo conocías?, además veo un gran cariño por él, en tus ojos, ¿dime qué pasa?
Flor Elena, avergonzada, al darse cuenta, que no iba a poder responderle, cambió la conversación.
-Pero...Peter, cuéntame... ¿y tú?, la última vez, justo nos interrumpieron, cuando ibas a contarme, sobre tu vida... ahora dime, ¿qué pasó contigo?, ¿te casaste, tuviste hijos?-
El escritor, perdió por un instante, la luz en su mirada, y su voz al sonar trémula, respondió
-No... no lo hice... pues no encontré una mujer, que conquistara mi corazón, ¿sabes? Ahora, al salir para acá, he venido decidido, a confesarte mi secreto, creo que es lo mejor, pues tengo que ser sincero contigo, y conmigo mismo-
Al mirarla con ternura, cogió sus manos con devoción, entonces Flor Elena sintió estremecerse en el recuerdo. Mecida por la letanía de ese amor, de ayer, de hoy... y de siempre.
-¡Nunca pude olvidarte Flor Elena!, creo que mi corazón, jamás quiso enamorarse, por esperarte, ¡te amo!... con ese cariño, que nació en mí, desde que éramos jóvenes, y que nunca, en mí, murió. Démonos otra oportunidad... mí amor, Te lo pido, para ser felices-
Ella, muy a pesar, que corazón gritaba ¡siiiiiii!... Y sus brazos querían acariciar al hombre que tanto amaba... ¡no podía hacerlo!.. Tenía que esperar, esperar un tiempo más, hasta ganarse el cariño de su hijo, y luego, tenerlos juntos.
Soltándose de las manos, del escritor, dio unos pasos adelante, seguida por su ansiosa mirada.
-Peter, yo... todavía... no puedo-
-Pero... Flor Elena - ansioso e intrigado preguntó - es que ¿ya no me amas?-
-No es eso... amor, pues sí... ¡sí te amo!... sólo quiero que me des algo de tiempo; para pensar. Mira amor, todo está pasando muy rápido, y yo... me siento confundida, sin saber que hacer. Te lo ruego, dame más tiempo, por favor-
Él se acercó cariñoso, tratando de comprenderla.
-Está bien... tesoro, pero no me pidas, mucho tiempo, además... creo, que a pepe lucho, le va a gustar esta noticia, prométeme que juntos, se la daremos, ¿Si?-
-Sí... Peter... lo que tu digas, y gracias por comprenderme... ¿sabes? Me gustaría tanto, que pepe lucho, sea feliz; junto a nosotros.
Al decir esto, Flor Elena, dejó notar su tristeza. Peter al notarlo, se sentó junto a ella en el sofá. Luego, empezó a contarle todo, acerca de su vida. Que había pasado con él desde aquel día, cuando se vieron por última vez, en su tierra natal, y todos sus esfuerzos, para lograr sus metas, y ser ahora, un brillante escritor literario, En eso, el celular de Peter interrumpió la conversación, en su editorial, solicitaban con urgencia, su presencia. Al tener que partir, le pidió, que lo despidiera de pepe lucho, que regresaría al día siguiente. Sin embargo, al partir, un beso fugaz, se escuchó susurrante, en aquella despedida.

_____________________________________

Fue, con el paso de los días, que pepe lucho, se iba restableciendo más de su lesión. Él ya no quería hacer nada, sin tener, el apoyo, de Flor Elena... Ella se estaba ganando, poquito a poquito, su cariño. Lo acompañaba, casi todos los días al camposanto, donde estaban los restos de Aurora, y juntos rezaban por su alma. Allí, Flor Elena, en silencio, le agradecía por haber cuidado, de su hijo, llevándolo por el camino del bien, y del éxito. También, conversaba bastante, con él, y hasta a la hora de dormir, lo trataba como un niño, contándole cuentos, e historias fantásticas, hasta que se quedaba dormido.
Así... el semblante del astro del fútbol, parecía alejarse poco a poco del dolor, y en sus labios, de vez en cuando se dibujaba una sonrisa. Flor Elena le insistía, para que juntos, salieran a la cancha privada, que tenía la mansión. Allí... trataba de hacerlo reír, jugando con aquel balón, que Aurora le había regalado. El chico, se iba restableciendo poco a poco, de tal manera, que ya quería anunciar su regreso, a las canchas de fútbol. Flor Elena no se descuidaba de él, para nada. Personalmente le preparaba sus alimentos, y se sentaba a la mesa, para comer juntos.
Por otro lado, en sus visitas casi diarias, Peter miraba, con alegría, y asombro, el cambio tan positivo, que Flor Elena había logrado en el muchacho. El escritor, no había podido hablar, otra vez con ella... pues, sólo vivía para ganarse el cariño de su hijo. Sin embargo, aquella tarde, el famoso romántico, se mostraría insistente, pues aprovechando que pepe lucho, se encontraba practicando en su cancha privada, por fin habló con ella.
-Flor Elena... quizá no te has dado cuenta, pero me tienes descuidado. Casi no me prestas atención, -le dijo, un poco pesaroso- sólo tienes ojos para pepe lucho, y a mí, no me das atención, ¡oye...! Me voy a poner celoso-
-¡Oh Peter!... Discúlpame. No sabes cuanto aprecio a ese muchacho, algún día sabrás por que, bueno... pero, mira... ahora si te voy a prestar atención, a ver... ¿qué quieres decirme?-
-Mira amor -dijo con insistente ternura- tú me pediste un pequeño tiempo para volver a amarme. Sin embargo, hasta ahora; no me dices nada... dime amor ¿acaso me has mentido?-
-No, no... Peter, nada de eso, ¿Cómo crees?, sólo que aún, no es tiempo, te prometo -le dijo acariciando sus manos- que yo misma te lo diré, cuando llegue la hora. Mientras tanto, por favor vuelve a comprenderme. No te arrepentirás, pues a partir de ese momento; te amaré toda mi vida-
-¿Y mi corazón Flor Elena?... que le digo a mi corazón... el, te ama, y ya no puede vivir sin ti-
-Peter... te lo suplico-
-Bueno... está bien, pero un tiempo cortito-
En ese instante, fueron interrumpidos por pepe lucho, que se acercaba a Flor Elena, para pedirle, unos refrescos Al alejarse, Peter le dijo sonriente
-Oye muchacho, ¿qué te dije?, yo sabía que te ibas a acostumbrar a ella... es una buena mujer-
-Sí Peter -respondió algo jadeante- ella ha sido mi mejor terapia. Bendigo el momento, en que la trajiste a mi lado, ¿sabes amigo? Yo la siento como una madre. Ella ha llenado bastante, el vacío, que dejó en mi vida; la muerte de mi mamá. El muchacho se llenó de nostalgia, al recordar a Aurora. Peter al darse cuenta de esto, lo invitó a caminar, por el césped del lugar, sin embargo él no quiso, cambiar de conversación.
-¿Sabes amigo?... yo le hice a mi madre una promesa, en su lecho de muerte... mira, es mi secreto, que quizá no debo contar a nadie -el joven, miró la sinceridad, en los ojos suplicantes del escritor, entonces, decidió contárselo- es mi secreto-
-Pero... dímelo hijo... ¿acaso no he demostrado ser tu mejor amigo?... ¿No confías en mí?
-Si Peter... pero... -después de un rato le dijo- es que Aurora... ¡no era mi verdadera madre!-
-¡¿Cómooo?! - su sorpresa, fue grande-
-Así es amigo, dejemos de caminar y sentémonos pues, quiero contarte toda mi verdad-
Al sentarse, a la sombra de aquel árbol, el chico se dejó llevar, por sus dolientes recuerdos, y con el alma entristecida, le narró toda su vida. Cuando terminó su relato, el joven se sintió aliviado, por eso; le pidió con frenesí:
-Ayúdame a encontrar a mis padres, no se quienes son, ni donde están. No me importa su condición, sólo quiero conocerlos... así, se lo prometí a mi mamá-
Bastante conmovido, por la triste historia, Peter, se solidarizó más con él, ofreciéndole su ayuda incondicional. Ellos estuvieron platicando, tres horas más, Así, Peter lo escuchaba, y lo aconsejaba. A eso, de las siete de la noche, el escritor se despidió, prometiendo volver; al día siguiente.
Al pasar el tiempo, pepe lucho, ya mostraba una sonrisa, dispuesto a jugar fútbol. El ánimo, y la salud, habían vuelto a su cuerpo, y ahora, sí quería, retomar con fuer

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