2da parte de "Cómo un balón rodando"-pepe lucho lágrimas y alegrías(novela)Agustín Cruz Morales.

Cómo un balón rodando-pepe lucho lágrimas y alegrías
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Continuación 2da parte de
"Cómo un balón rodando"
pepe lucho lágrimas y alegrías-novela.
Agustín Cruz Morales.
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Ya había transcurrido una semana, desde aquel 19 de julio, cuando en otro lado de la ciudad, una mujer delgada, alta, de mirada adusta y cruel, llevaba un recién nacido, en sus brazos.
Ligera, y algo asustada, al comenzar a abordar la solitaria calle, la mujer, hizo detener un taxi, para con notorio nerviosismo, pedir que la lleven; a una misteriosa dirección.
Al llegar a su destino, bajó presurosa, y luego de volver a tapar al recién nacido, entró a la casona, donde ya la estaban esperando. Antes, ordenó al taxista que la espere afuera, hasta su regreso.
Una pareja de esposos, salió al encuentro de la mujer. La señora se acercó a ella, para después con notoria curiosidad, destaparle, la carita al bebé. Al observar la belleza del recién nacido, le susurró, en voz baja.
-En verdad, es un niño muy hermoso, y parece tan sanito... me parece que has cumplido, lo que nos ofreciste, ahora -dijo la mujer- déjame ponerlo en mis brazos, parece un angelito-
-Está bien cargüelo con cuidado señora, recuerde que conseguirlo, me cuesta trabajo, además para mi, éste, es una fortuna -respondió con una gran mueca de sarcasmo, a la vez que le entregaba, al recién nacido- ¡ah! supongo, que me habrán traído, lo que acordamos ¿no? -
Muy solicito, el esposo de la señora, se acercó a la cruel mujer.
-Claro... claro, te hemos traído lo que acordamos. ¡Aquí está!, -aseveró, mientras abría un maletín portátil, lleno de dólares -si desea puede contar los billetes... somos gente de palabra-
Con los ojos algo desorbitados, por la codicia, la mujer alta, delgada, de mirada cruel y adusta, tomó con ansiedad el maletín, respondiendo.
-No, no, no. No hace falta. Además ustedes saben bien, que no pueden engañarme, por que así, como yo estoy en sus manos, ustedes también están, en mis manos. Así que esto, debe quedar bien hecho. De aquí en adelante, ustedes se olvidaran que yo existo, que por mí parte, yo jamás los he visto. ¡Ah! ,-exclamó con ironía- hagan muy feliz, a este angelito-
La señora que aún cargaba al bebe, preguntó.
-¿Y la mamá quién es.....?-
-No me pregunten nada- respondió casi gritando- ustedes ya tienen su bebe, y yo, mí dinero. Eso es todo lo que importa. Yo ya me retiro. Espero, no volver a verlos nunca más, o, quizás...tal vez los veré, en el malito infierno ja-ja-ja-ja.-
Se rió, con honda crueldad, mientras presurosa, salía de la solitaria casona, para abordar el taxi, que aún, la estaba esperando. Cuando subió, el vehículo salió raudo, emitiendo un gran chirrido en sus llantas, para luego perderse, por las calles de la ciudad.
Al marcharse, la cruel enfermera, la pareja de esposos, abordó rápidamente, el elegante coche, que habían estacionado, en la playa, de la misteriosa casona, para huir, del lugar.
¡Vamos ya! -Le pidió la señora a su esposo- no quiero, que alguien, nos vea por aquí-
-Si vamos, échale seguro a las puertas del coche, y coge bien al bebé, que iremos a gran velocidad -
La pareja, salió raudamente, con su preciosa carga en brazos, y luego de casi hora y media, de recorrido, llegaron a la lujosa zona residencial, donde vivían. Al verlo llegar, los hombres de su seguridad, abrieron el gran portón de la entrada, y el coche en forma lenta, entró en la lujosa mansión.
-Carmen, Carmen apresúrate, toma al bebé -dijo, la señora llamando a la ama de llaves- éste niño es mi sobrino, hijo de mi hermana, que me lo ha dado en adopción, por lo tanto, desde ahora, es mi hijo; y nuestro heredero.
-Quiero, que esta noticia, se la hagas saber, a la servidumbre, para que la conozcan, pues de ahora en adelante, mí bebé, estará también, al cuidado de ustedes.
-Es el deseo de mi esposo, y mío también, que este niño se eduque, en las mejores escuelas, pues queremos verlo crecer, sano y fuerte, ¿Entendiste?-
-Si señora... pero qué lindo es... es un angelito
-respondió amorosa el ama de llaves- agu, agu... nosotras lo cuidaremos bien, y el bebé crecerá, sano y fuerte, de eso no se preocupe-
Luego, las dos mujeres, entraron en la lujosa mansión, haciéndole mimos al bebé, mientras el esposo, enrumbaba a su oficina privada, para seguir con sus trabajos empresariales.
A la semana siguiente, después que toda la servidumbre, había conocido al recién llegado, la señora creyó prudente, organizar, gran una fiesta infantil, para presentar oficialmente, al bebé, a la exclusiva sociedad.
Esa noche, consultando a su leal esposo, en la tranquilidad de su recamara, le dijo inquieta.
-Amor... ya estoy organizando la presentación, de nuestro hijo, para que todos lo conozcan, pero mira... tenemos que ponerle un nombre ¿cuál te parece? no sé... pero a mí siempre me ha gustado José Darío-
-Me parece lindo... sin embargo, a mi me encanta Luis-
-Entonces, cielo -le dijo amorosa- Pongámosle José Luis... Es bonito, además le podemos decir pepe-lucho ¿qué te parece? -
-Bueno...está bien, aunque... lo más importante, además del nombre, es el cariño que nosotros le daremos, para que así, el niño crezca sano, bello, y fuerte.
-Entonces, mí cielo, terminaré de organizar todo, porque pasado mañana, será la presentación de "nuestro hijo" a la sociedad, y tú, como un buen padre, tienes que estar muy guapo, y bien orgulloso -le dijo amorosamente.-
A los dos días siguientes, la lujosa mansión recibió junto a todos sus invitados, a los mejores representantes de la sociedad. El lujo y la sobria elegancia, se daban cita en el lujoso lugar, y el pequeño José Luis, estaba encantador.
A su lado, sus orgullosos "padres" lo presentaban a cuanto invitado, se acercaba para felicitarlos. El bebé, como entendiendo, lo magno del momento, jugueteaba con todas las personas, que se le acercaban, para conocerle.
Los niños corrían, y saltaban, disfrutando de los exclusivos juegos recreativos, diseñados para esa ocasión, mientras otros disfrutaban, los manjares preparados, para la esplendida fiesta.
Aquel, fue un día maravilloso, y el pequeño José Luis (pepe-lucho) como le decían otros, pareció disfrutar el frenesí del momento. Llegada la noche, algunos invitados, comenzaron a retirarse.
A eso, de las once p.m. cuando todos, se habían retirado, el pequeño ya dormía placidamente, en su suntuosa recamara. Los esposos complacidos, llegaron a la recamara, y parados al pie de la amplia cuna, del bebé, muy abrazados, lo miraban cariñosamente.
-Él será el hijo, que quizá, nunca vamos a tener ¿verdad amor?- preguntó a su esposo, mientras apoyaba la cabeza, en su hombro-
-Si mi vida, ¡él será!, y nosotros velaremos para que nada le falte. Él llenará de gran alegría, y luz nuestra casa, y lo veremos crecer sano, y fuerte a nuestro lado. ¡Sí!, ¡así será! -dijo convencido el hombre, mientras abrazaba a su esposa, y juntos, le daban un tierno beso, al bebé, para después, marcharse a su recamara-
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= Pepe lucho... lágrimas, y alegrías.=
Así, transcurrieron diez años, desde aquel 19 de junio, y el pequeño José Luis (pepe lucho) había crecido sano y fuerte, rodeado del amor, de sus "padres", y de todos aquellos, que lo conocían. Era un niño muy cariñoso, de carácter fuerte, pero humilde, y algo, tímido.
El gran secreto de su procedencia, sólo era conocido por "sus padres" y el ama de llaves, que se encargaba del aseo directo del niño. Ella guardaba celosamente, el secreto de los cuatro lunares, en el hombro del pequeño. Ellos sabían que estos, eran como un sello, que delatarían, su verdadera identidad, y que su verdadera madre al verlos, inmediatamente, reconocería a su hijo. Era por eso, que ellos jamás habían permitido, que nadie se los vea.
Sin embargo, aquel medio día del mes de abril, el destino del pequeño José Luis, cambiaria para siempre...
Aquel día, comenzó como un día cualquiera, y la elegante limosina, esperaba como siempre, al pequeño, a la salida del exclusivo colegio, donde estudiaba. Pepe lucho aquella tarde, salió como siempre alegre, de la mano del ama de llaves. Ambos eran custodiados, por los cuatro celosos guardaespaldas, que se encargan siempre, de la seguridad del niño.
Una vez, que ellos abordaron la limosina, esta comenzó a recorrer el camino hacia la lujosa mansión.
Sin embargo, y sin saberlo... ellos ya habían sido objeto, de estudio, para ser victimas de un bien organizado secuestro, por parte de una gran organización delictiva, ¡querían secuestrar al niño!
Así, la limosina, iba avanzando, y fue la alegre travesura del pequeño, lo que hizo, que se le cayera del vehículo, un póster, que le habían obsequiado sus amigos del colegio, y como corría, un fuerte viento, el afiche salió volando, hasta ir a parar, al otro lado de la amplia pista. Entonces, al ordenarle inquieto, al chofer que se detuviera, pepe lucho salió corriendo, antes que el ama de llaves, pudiera detenerlo... hacía al otro lado de la acera, para recoger su póster.
Fue en ese preciso momento, que tres vehículos, polarizados, se detuvieron bruscamente rodeando a la limosina, pensando que el pequeño, aún estaba en su interior, cerrándoles así el paso, para cometer su fechoría.
Los guarda-espaldas al darse cuenta del hecho, comenzaron a disparar, al mismo tiempo, que los secuestradores, originándose una feroz balacera.
Los delincuentes al verse atacados por los cuatro guarda-espaldas, se protegieron detrás de los vehículos, olvidando por un momento al pequeño, que se encontraba al otro lado de la acera.
Muy asustado al oír los disparos y quejidos de los pistoleros, pepe lucho, comenzó a correr, rauda y desesperadamente, sin dirección alguna.
Sus pequeñas, pero ágiles piernas, corrían y corrían, llevándolo lejos, de la escaramuza, hacia lugares, que para él, ya eran desconocidos, y algo rudimentarios.
Así, corrió y corrió, sin detenerse, y sólo, cuando se sintió muy cansado, el niño por fin detuvo; su desatinada carrera.
Estaba descansando, cuando a lo lejos observó, asustado, a un vehículo, parecido, a los que los habían atacado.
Fue, entonces, que al buscar refugio se escondió, en el Kiosco de una señora, que vendía periódicos y golosinas en aquel lugar. Nervioso, no decía nada, sólo quería esconderse, en el regazo, de aquella mujer.
Después de casi quince minutos, y luego que el vehículo se había marchado, el pequeño levantó la cabeza, y con la mirada pensativa, le pidió ayuda a la extraña, señora.
-¿Qué te pasa niñito? - le dijo dulcemente - pero si estas tiritando de miedo. Tus ropas están sucias. Seguro que te has caído, al venir corriendo para acá. Pero dime -preguntó - ¿a quién le has robado este traje, y estos zapatos elegantes?.. ¿No me digas que te han pillado, en pleno robo, y por eso, estas asustado? Bueno... por un lado está bien, para que otro día, no andes cogiendo, las cosas ajenas-
Mientras le decía esto, la mujer de mediana edad,
de apariencia tranquila y dulce, le acomodaba su ropa, y volvía a peinarle los cabellos.
-¡Oye, seguro que tú, no tienes donde ir! pero mira, tú te pareces mucho, al hijo que una vez perdí, cuando lo atropello un bus... Pero no -dijo mientras lo miraba de pies a cabeza- no eres tú.
-Bueno, ¡escucha! sino tienes donde ir, te sugiero que te quedes conmigo, yo vivo sola y tengo harto espacio.
Pero eso si... ¡te lo advierto! me gusta la gente trabajadora, no quiero ladrones -aseveró mientras fruncía el ceño-
Pepe lucho, quedó pensativo unos instantes, aquella mujer, le parecía tan buena. Además, en su mente infantil, aún vivían, las escenas del feroz tiroteo, y tenía miedo, que aquellos hombres lo encontraran, pues creía, que lo irían a buscar a su casa, para matarlo. Mirándola fijamente, le dijo a la dulce mujer:
-Sí es verdad, no tengo donde ir, no tengo familia. Mis papas y mis hermanos murieron, y yo estoy solo en el mundo, -su voz rogó, cuando le dijo- ¡llévame a tu casa! te prometo que me portaré bien, y también te ayudaré a trabajar-
-Mmmhhhh, está bien, vamos, pero ya, te advertí, nada de andar cogiendo las cosas ajenas, ¡eh! Conmigo vas a trabajar...y lucharas en la vida, para salir adelante honestamente. ¡Sí señor!... así que ya estás bien advertido-
-Está bien, está bien señora, y muchas gracias -
- Bien... ahora dime ¿cuál es tu nombre? -
-Soy José Luis, pero más me dicen pepe lucho-
-Bien pepe lucho, desde ahora, serás como mi hijo. Yo soy Aurora-
-Gracias señora... ya verá usted, que seremos una gran familia -dijo contento el niño-
Ya eran casi las once de la noche, cuando Aurora después de un día muy agitado, cerró el quiosco, y luego de abordar el ómnibus, que pasaba por la inquieta calle, ambos partieron a la casa; de la buena mujer.
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Mientras tanto... los esposos, se encontraban dolidos, y desesperados, con la desaparición del pequeño. Ya habían tomado las precauciones necesarias para encontrarlo. Contrataron a un selecto grupo de detectives privados, pues sabían que no había sido secuestrado, y que sólo se hallaba extraviado.
No habían recurrido a la policía, pues sabían que el pequeño no era su hijo legítimo, y que al pagar por él, habían cometido un grave delito, por lo tanto tratarían de encontrarlo por sus propios medios. Nada de radio, ni televisión, era la orden que habían dado a los detectives. Ellos harían su trabajo sin que nadie se diera cuenta.
Así fue pasando el tiempo, y pepe Lucho ya lucía desconocido, con las ropas deslucidas que vestía. Junto a su infaltable gorrito azul, crecía feliz, al lado, de aquella buena mujer.
Al llegar el nuevo año escolar, Aurora lo matriculó en la bulliciosa escuelita, del barrio donde vivían. Y, debido a su carácter alegre, y juguetón... pepe lucho, se había ganado el cariño y respeto, tanto de los profesores, como de sus amigos del colegio, y, del barrio.
Se despertaba temprano, para ayudar a Aurora, en los quehaceres. Primero, le ayudaba a ordenar la casa, y llenaba con agua los recipientes. Luego desayunaban. Después, como la mujer lo había acostumbrado a estar muy aseado, se bañaba, aseándose bien, para luego ayudarla, a abrir el negocio... después, se marchaba a su escuelita.
Por otro lado... los esfuerzos de los detectives privados, por encontrarlo, resultaban inútiles.
José Luis presentía, que lo estaban buscando, y como él, aún creía, que aquellos delincuentes, realizaron el tiroteo sólo para matarlo, cuando veía, a alguna persona extraña, por el barrio, inmediatamente se escondía, ocultando su rostro, entre el gorrito azul, que siempre llevaba puesto.
Así fue pasando el tiempo, y él, ya se había acostumbrado, al pujante vaivén, que se vive en los barrios, donde parecía gozar, con cada una de las cosas, que allí le tocaba vivir. Disfrutaba de las carreras con sus amigos, en sus juegos infantiles, y en las infaltables pichanguitas, que tenían como estadio, a las polvorientas calles del barrio. Pepe lucho crecía rápido, siendo, el más aplicado en su escuelita. Además ayudaba a la buena Aurora en las labores cotidianas... pero para lo que más le gustaba, era jugar fútbol, en las polvorientas calles, con sus amigos del barrio.
Sin embargo, la situación económica, para Aurora y el niño, por épocas, era dura, apremiante; y angustiosa. Por eso, el comprensivo pequeño, no sólo se daba tiempo para estudiar, si no también para ayudar, en la economía del hogar.
Le pedía a su mamá, caramelos y artículos de su pequeño quiosco, para salir a venderlos en las calles, y en los microbuses que transitaban por la ciudad. Subido en los microbuses, realizaba sus angustiosas ventas, a veces con bondadosas respuestas del público, y otras veces, sintiendo la indiferencia, de los pasajeros.
-Damas y caballeros... Señor, señorita, disculpa si interrumpo tu viaje -con voz trémula se dirigía a los pasajeros- soy un niño, que viene a pedir tu apoyo, para llevar un pan a su casa Pero mira, no vengo a pedir que me regales nada, porque mira... primero te cantaré, dos lindas canciones, y después, te ofreceré, unos ricos caramelos, por el pequeño valor de diez céntimos, ¡solo diez céntimos!, que ¡mira! no te empobrecerán, ni te enriquecerán... ¿sí?... bien... entonces; mi primera canción, dice así...
-Yo era pequeñito cuando murió mi viejo, fue tanta la miseria, que mi viejita y yo... -el pequeño, nunca dejaba de derramar lágrimas, cuando llegaba al final de esta canción. Algunos pasajeros se conmovían, al mirar, su sentida expresión.
Después de enjugar sus lágrimas, agitando sus manos, empezaba su segunda canción.
-Voy por la vida, triste y perdido, como un balón rodando, sin saber que destino encontrar, soy un balón que rueda -el pequeño alzaba su aguda voz en esta sentida estrofa- que rueda y rueda, sin saber dónde la vida lo llevará. ¡Soy un balón rodando!.. Soy un balón rodaaaandoooooooooooo
Disculpame si interrumpo tu lindo viaje-soy un muchacho pobre y trabajador-que triste voy cantando en los microbuses-para llevar el pan a mi humilde hogar- hoy quisiera cantarles estas canciones- entregaré con ellas mi corazón-también quiero pedirles que no me ignoren comprame caramelos chicles bom bom-cómo un balón rodando muy triste y solo voy-mi casa es la calle, mi hogar me hace llorar- hoy soy balón rodando mañana no lo sé tal vez cambie mi suerte y al fin feliz seré.... Sí pasó por tu asiento no, no me ignores comprame caramelos chicles bom bom-mira de esta manera salgo adelante-aunque la vida es dura le ganaré-Cómo un balón rodando, muy triste y solo voy- DIOS PADRE es mi fuerza mi fe y mi salvación- hoy soy balón rodando mañana pues tal vez, tal vez cambie mi suerte...y al fin feliz seré.
Al terminar su canción, el público siempre se conmovía, pues el pequeño parecía, al cantar, contar su triste historia, hecha melodía. Algunos pasajeros le brindaban aplausos, mientras otros lo miraban con sentimiento estremecedor. Luego pasaba rápido por los asientos, repartiendo sus caramelos, y el público casi en su mayoría, le compraba su producto.
En la mañana, trataba de ganar todo el tiempo posible, pues en la tarde, tenía que ir a su colegio, y luego jugar fútbol, o una "pichanguita," con sus amigos del barrio.
Por eso, al bajar de un microbús, trataba de subir inmediatamente en otro. Así a veces, lograba el permiso rápido de los conductores, y otras veces lo rechazaban. Sin embargo al ir pasando los días, el pequeño ya era conocido, por cierta cantidad de pasajeros, que lo habían escuchado cantar, y se habían conmovido, con sus sentidas canciones.
Sucedió por eso, una vez, cuando el cobrador de un microbús, no quería dejarlo subir, botándolo, con violencia... entonces, un señor que viajaba allí intervino enérgicamente, a favor del niño, pidiendo que lo dejen subir. Los demás pasajeros también lo hicieron, y el niño logró subir en el vehículo. Una vez en el centro del pasadizo, el pequeño les dijo su acostumbrado pregón, para luego empezar a entonar, sus canciones.
Al fondo del vehículo se escuchó la voz de una señora, que le pidió al niño que le cantara su sentida canción.... ¡como un balón rodando!
El pequeño, la cantó dos veces, y el público conmovido, en aquella oportunidad, lo apoyó, comprándole casi todos sus caramelitos. Sin embargo, como siempre pasaba, no dejó de derramar algunas lágrimas. Luego de limpiar su rostro, agradeció a los pasajeros, y al conductor, bajando inmediatamente del carro.
Así iban pasando sus días, entre canciones, lágrimas, microbuses, su colegio, y la infaltable pichanguita, con sus amigos del barrio. Siempre se levantaba muy temprano, y luego de ayudar a su mamá a abrir el quiosco, se introducía en las calles, a ganarse el pan del día.
Ya era conocido, por algunos conductores, y pasajeros, por eso cuando lo veían, lo llamaban...
-¡Hey!... balón rodando -así, le decían de cariño- ven sube, y canta tu canción-
Él, muy alegre subía... y luego de cantar sus sentidas canciones, lograba vender parte de sus caramelos. Los pasajeros conmovidos, por las lágrimas que siempre vertía, cuando cantaba, lo apoyaban también, con palabras de aliento.
-Sigue adelante en la vida, niñito -le dijo una vez un señor- pues aunque ahora seas como un balón rodando... estoy seguro, que algún día, serás un triunfador, y ya no veremos tus lagrimitas, sino tu sonrisa, y tu éxito -le dijo mientras palmoteaba cariñosamente su hombro-
-Gracias señor -respondió conmovido- pero sabe, no lloro, sólo por mí, sino también por todos los niños del mundo, que como yo... pasamos hambres, angustias, dolores, y pobrezas.
-Ojalá algún día Dios Padre, nos proteja con su misericordia infinita, y ya no rodemos por la vida -le dijo, mientras sus ojitos lo miraban, con inocencia- por eso, cuando vea, por ahí, a muchos niños sucios y desprotegidos, por las duras calles, acuérdese de mí, y sepa, que somos victimas, de la injusticia social...y también de la indiferencia in fraterna de los despiadados. De aquellos, que nos oprimen, en el sacudimiento perdido, de sus mentiras.
Muchas veces señor, escucho a los gobernantes, celebrar, con pomposidad el día del niño, o de la nutrición. Pero yo pregunto, de que día del niño, o, de la nutrición hablan, sí en las calles como ve, hay muchísimos niños, hambrientos, enfermos, y desamparados, que se acuestan con hambre, al no conseguir un pan. Nosotros señor, merecemos también, amor, y respeto.
-Pero... yo sé señor, que algún día, todos los niños seremos felices... porque, Dios, nuestro Padre, nos quiere mucho, y nunca; nos va a dejar solos
-le dijo con voz trémula, al bajar del vehículo- ¡gracias señor!, lo miró agradecido-
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Y fue, gracias al esmero en su trabajito, que pepe lucho sin saberlo, ya había reunido, una cierta cantidad de dinero. Su madre, quien era, la que guardaba sus ahorros, ya tenía un pequeño capital guardado, con el propósito de comprarle, su tan ansiado balón de cuero, y el uniforme del club de sus amores... ¡el unión universitario!
Ella pensaba, darle esa sorpresa, ese fin de semana, y tan sólo, de pensar en lo contento que el niño se vería, con su balón y su uniforme, la abnegada mujer, esperaba ese día con ansiedad. Sin embargo, al día siguiente, y en forma extraña, pepe lucho, no se levantó temprano, para salir a trabajar. Aurora, muy preocupada, se acercó a su cama, y luego de tocar su frente, exclamó muy preocupada.
-Pero... hijo, si tienes algo de fiebre... qué habrás comido, ya te he dicho que no comas nada en la calle, -le dijo preocupada-ves el domingo pensaba darte una sorpresa... -calló al pensarlo-
-¡Sorpresa!... mamá ¿dime qué sorpresa es? anda dímelo por favor - intrigado, el niño insistió-
-Si pues... pensaba comprarte tu balón de cuero, y tu uniforme... pero ya ves, si vas a estar enfermito, ya no te los daré-
-¡No... no, no! -exclamó, mientras presuroso, se levantaba de la cama, y se alistaba para salir- ¡mira!... ya no estoy enfermo. Vamos a trabajar... te lo ruego mamita... no dejes de regalarme mi balón... ¡si! -
-Está bien hijo... ¡vamos! pero cuídate. Ah, no quiero que te enfermes... bien sabes, que no tenemos dinero y, yo... no sabría que hacer. Bien entonces vamos -
Los dos salieron, dispuestos a ganarse el pan de ese día. Ya caía la noche, cuando regresaron a su humilde vivienda, Aurora preocupada miraba el rostro desmejorado del muchacho, pues la fiebre le había avanzado, pronosticándole, la llegada de alguna enfermedad.
-¡Dios Padre! -Exclamó, acercándose a tocar la frente de su hijo- la fiebre, le está subiendo más, ¿qué será lo que tienes hijito?, mejor voy a la farmacia, a comprar algo, no sea que a media noche empeores, y no tenga nada para darte, ven acuéstate, y arrópate bien, que enseguida vuelvo-
Después de acostarlo, y arroparlo amorosamente salió apresuradamente, a comprar las medicinas. Al regresar, ya lo encontró dormido, pero la abnegada madre, se durmió al lado del niño, acostada en una perezosa.
Fue a eso, de las cinco de la mañana, que Aurora despertó. Algo sobresaltada, se acercó a su hijo, entonces con angustia, se dio cuenta, que había empeorado, la fiebre le había subido, y él se encontraba; casi inconsciente. Apresuradamente, buscó las medicinas, y levantándole la cabeza, se las dio.
-¡Dios Padre!... -exclamó angustiada- tengo que llevarlo inmediatamente, a algún hospital, ojalá el dinero, que guardo, me alcance para curarlo-
Con gran ansiedad, arregló algunas cosas en un maletín, para llevarlas consigo, luego de poner en pie al niño, ambos salieron a la calle, para abordar un taxi.
Ya en el hospital, el niño era atendido, hacia emergencia, pero debido a su estado, el médico de turno ordenó que quedara internado, en aquel nosocomio. Aurora gemía dolorosamente al verlo dormido. La abnegada madre, esperaba ansiosa, el resultado de las medicinas, que le habían suministrado, y mientras rezaba sus plegarias... pedía a Dios Padre altísimo, por la salud de su hijo
La noche llegó, y ella aún sentada en una silla, fue vencida por el sueño. Al día siguiente, cuando despertó, volvió la vista amorosa, hacia la cama del enfermo, y luego de algún tiempo, observó que, movía ligeramente las manos.
Apresurada llamó a la enfermera. Ésta después de examinarlo, le dijo que sólo había que esperar, pues la fiebre ya estaba bajando. Por lo visto, el niño gracias a Dios Padre, daba síntomas de recuperación.
A eso del mediodía, pepe lucho despertó, casi un instante. Cuando todavía se encontraba dormido, el medico que lo había atendido, la noche anterior, llegó a su lado.
-A ver... vamos a ver muchacho -dijo el galeno- bueno... parece que ya estás mejorando, pues la fiebre ha desaparecido, parece que aún te quedas con nosotros en la tierra -dijo bromeando- sin embargo, te voy a recetar otras medicinas, para que las tomes en tu casa... ¡ah!, pero de aquí en adelante, ten cuidado con tu salud-
-Gracias doctor - agradeció Aurora que alegre se acercaba a ellos- gracias... no sabe cuánto le agradezco, que haya sanado a mi hijo, es lo único que tengo... ¡gracias! -
-Claro mujer, pero a quien debemos dar gracias es a Dios Padre, pues gracias a su bondad infinita yo he podido salvar, a tu hijo... ¡no lo olvides!-
El médico se retiró, diciéndole a Aurora que podía retirar a su hijo aquella misma noche, pero que en su casa descanse, un par de días siquiera.
Al acercarse, a la ventanilla, para pagar la cuenta del internamiento, sintió temor. Temía gastar los ahorros, que su hijo, con tanto sacrificio había juntado, pues ella, los había destinado, para comprarle su ansiado balón, y su querido uniforme deportivo. Por eso, sus ojos se llenaron de gran angustia, cuando vio que el gasto era grande, y que el dinero que había llevado, con las justas le alcanzaba, para salir de aquel apuro, ¡ya no podría comprarle su balón!
Después de cancelar la deuda, ambos salieron rumbo a su casa. Ya en su dormitorio, el pequeño, ya tenía en el rostro, los signos de una pronta recuperación. Aurora, lo miraba complacida y preocupada. ¿Qué iba a hacer, cuando él pida, el balón, que le había prometido?
Durante esos días, ella estuvo pendiente de su salud...y sólo iba en las tardes al Quiosco, para lograr vender algo. A los cinco días, pepe lucho ya se había recuperado completamente, fue por eso, que levantándose temprano, cogió de nuevo su bolsa con caramelos, para salir a vender, a los microbuses. Antes de partir, le dijo a Aurora, que estaba esperando, su balón prometido.
Ella no quería causar, ninguna decepción en él... fue por eso, esa tarde, cogió dinero, que tenía para cancelar el material del Quiosco, y fue directamente a una tienda, para comprar el tan ansiado balón, para su hijo.
Al llegar la noche, pepe lucho regresó contento a la casita, había logrado buenas ventas. Corrió inmediatamente donde Aurora, y se encontró con la grata sorpresa. Tenía frente a él, su esperado balón para jugar fútbol, y el uniforme, del unión universitario... ¡ese era su sueño!
Cogió con ansias, las cosas, y luego de vestir el uniforme, con pose señera, se dirigió al patio de su casita; para estrenar, su querido balón.
Complacida, Aurora miraba, como diestramente dominaba el balón, con la cabeza y las dos piernas. Parecían vivir un romance muy esperado, como si estuvieran hechos, el uno para el otro.
Pero, que iba hacer ella, si luego no podía reunir el dinero que había gastado. Ella sabía, que hasta podía perder su pequeño Quiosco, y que su situación, sería delicada.
Al día siguiente, después de realizar sus labores cotidianas, ya en la tarde, pepe lucho, muy orgulloso, estrenaba con sus amigos del barrio, su querido balón, en la infaltable pichanguita, donde él demostraba, su gran habilidad con la pelota. Al terminar el improvisado partido, les comentó, orgulloso, a sus amigos, como su mamá le había comprado su querido balón.
Sin embargo, por otro lado... Aurora miraba preocupada, como el negocio en el Quiosco, había bajada enormemente, y el día del pago, se acercaba, inexorable. Sin embargo, ella no quería preocupar a su hijo, al verlo tan feliz, con su balón, que había decidido, no comentarle nada, sobre el asunto. Mas aquella magra tarde, de diciembre... Aurora vio, como agobiada por sus deudas los insensibles cobradores, cual aves de rapiña, la despojaban, de su pequeño negocio.
Pepe lucho se encontraba en su escuelita, fue por eso que no vio el desalojo.
Con los ojos humedecidos por el llanto y consumida por la impotencia, la sufrida mujer sólo se limitaba a mirar, como el esfuerzo de tantos años se quedaba en nada.
Después de sentir el fraternal consuelo, de sus compañeros de trabajo, y sin resignarse, Aurora se encaminó hacia su casa.
Ya eran casi las siete de la noche, cuando pepe lucho regresó después de hacer su acostumbrada pichanguita. Al ver a su madre con el semblante acongojado, se le acercó, y la saludó, con un beso en la frente.
-Hola mamita... pero que tienes mi amor, ¿por qué tienes cara de preocupación?... parece que algo malo hubiese pasado-
-¡Ay... hijito!, ahora si, que se nos complicó la vida -respondió mientras ocultaba el rostro entre las manos- hemos perdido el Quiosquito-
-Pero... mamá ¿por qué? -
-Hijo discúlpame...no te lo había contado, por no preocuparte, pero debía demasiado. Tú sabes que la venta era escasa, y tenía que coger ese dinero ajeno, para poder sobrevivir... para poder cubrir nuestros gastos... ahora si ¡no tenemos nada!-
Él se paró bruscamente, mientras su madre, lo seguía con la mirada, luego de dar unos pasos, volvió donde Aurora, y con seguridad, le dijo.
-Ya no te preocupes mamita... pues yo seguiré trabajando, ¿sabes?... ya tengo bastantes clientes y además tú también, podrías trabajar aquí, en la casa. Yo creo que debemos seguir luchando, pues no todo, está perdido-
Al ver la seguridad en su hijo, Aurora pareció recobrar su valor y su rostro cambió de expresión. Sin embargo, no pudo contener un explosivo llanto, que cruel, y amargo brotó por sus ojos. Al ver el dolor de su madre, se abrazó fuertemente de ella, tan fuerte como deseando sentir su pena.
-Mamita -dijo entre sollozos - ya no te desesperes, algún día, todo cambiará, y seremos felices. Yo te prometo trabajar, y estudiar mucho, y también superarme en el fútbol. ¡Ojalá llegue a ser un gran futbolista!
Al decir lo último, suspiró hondamente. Abrigaba siempre el sueño, de triunfar como una estrella de fútbol. Así abrazados, miraron esperanzados, el horizonte, lucharían por salir adelante.
Aurora comenzó a trabajar, en eventuales labores domésticas. Hacía limpieza en ciertos domicilios, y lavaba ropa ajena. También, ayudada por su vieja máquina de coser, confeccionaba algunos vestidos, y ropitas de niños, para luego venderlos por el barrio.
Mientras tanto, pepe lucho, vendía con más esmero sus caramelos, en los microbuses, donde le iba bien, gracias a que se había ganado, el cariño de los conductores, y el público, que lo apreciaban con cierto fervor, cuando entonaba su canción... =como un balón rodando.=
Hubo muchas noches agónicas, cuando él ya se encontraba descansando, que muy tristemente se ponía a meditar. Se preguntaba ¿por qué de la desigualdad en la vida?, ¿por qué unos tenían mucho, y otros no tenían nada?
¿Por qué había extrema riqueza, y también extrema pobreza?, ¿por qué las autoridades, hablaban de ayuda para los que menos tienen?... si todo eso, era una gran farsa...una gran mentira.
Su alma parecía en esos momentos, denunciar la corrupción del impío, y su tirano cruel estallido, que oprimía en pobrezas al pueblo, dejándolo sin ideal, sin esperanzas, y sin pan.
¿Por qué ignoraban de los sufridos, sus justos derechos...y los marginaban entre la impiedad, del olvido, del desempleo, y del mal?
¿Por qué, él, hasta ahora no podía ser feliz...? abrazaba fuerte a su almohada, mientras algunas lágrimas caían por su rostro. Sin embargo, estaba dispuesto a salir adelante, luchando hasta el final para lograr sus objetivos.
Fue, así, entre dichas, y desdenes, que el tiempo, siguió imparable su curso, ambos trabajaban con esmero, y gracias a Dios Padre, lograban cubrir sus gastos más necesarios, tratando de llevar; con su esfuerzo, una vida digna.
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Siguieron así pasando los años, para entonces, pepe lucho, ya cumplía, sus dieciséis años. y aquella tarde, como todos los años, se encontraba disfrutando de una pequeña fiestita, que Aurora le ofrecía por su onomástico.
Con sus buenos amigos ya adolescentes como él, inquietos pero respetuosos, compartía la alegría, de ese momento. Sin embargo, a partir, de ese diecinueve de junio, su destino comenzaría dar un giro tremendo, e inesperado.
Sucedió entonces, que Mario, uno de sus amigos, entró presuroso a la fiesta, y luego de inhalar profundamente le dijo emocionadísimo.
-Oye pepe lucho, ¡escúchame!, ¿te acuerdas de ese señor...?, ¡hombre...! de aquel señor, que nos vio jugar fútbol, en el torneo del barrio, del cual salimos campeones-
- ¿Cuál...? preguntó sorprendido-
- Oye, de ese señor robusto, de bigote. El que nos dijo que era presidente, del club de tus amores, "el unión universitario" -
-Ah, ya... ¡sí!, -respondió interrumpiendo- Claro que me acuerdo, ¿pero qué quiere... no me digas, que lo has visto? -
- ¡Sí!... y no sólo eso, sino que está aquí, y quiere hablar contigo-
-¿Conmigo? Pero, hazlo pasar -dijo nervioso, y la vez emocionado, mientras trataba de bajar el volumen de la música-
En eso, escuchó una voz, a su espalda.
-No será necesario, hijo, pues como ves, ya estoy adentro... ¿no me invitas a sentarme? -preguntó sonriente-
-Claro... claro señor... siéntese, -dijo nervioso, al ofrecerle, el mejor asiento, de su sala.
-Mira Luis... -acotó el hombre, al sentarse con seriedad - primero disculpa que haya interrumpido tu fiesta. Pero creo que este es el mejor momento, pues vas a tener, doble motivo, para celebrar.
-Escucha...el entrenador, el preparador físico y yo, sin que se dieran cuenta, estuvimos observando todo el torneo Inter.-barrios, del cual ustedes salieron campeones ¿verdad? Bueno, nuestro objetivo era descubrir nuevos talentos de fútbol, y contratarlos para que jueguen en hablar contigo ndamente.nuestro equipo, Unión Universitario -
Él, estaba quieto y atento, pero cuando escuchó, el nombre del club de sus amores, se estremeció.
-Observamos a muchos... hay muchachos que juegan bastante bien. Sin embargo, el que más gustó, a nuestros intereses, eres tú. Nosotros creemos, que tienes un gran futuro futbolístico, por delante. Por eso, lo que hoy vengo a ofrecerte sé que te va a encantar-
Con ojos ansiosos, miraba, y escuchaba inquieto, a aquel hombre, acompañado por sus amigos, que también compartían, su inquietud.
- ¡Escucha hijo!, te ofrezco un contrato por un año, en mi club. Contrato que por supuesto, y de acuerdo a tu rendimiento, puede ser renovado, en otras condiciones.
-Piénsalo bien, y si estas de acuerdo, me buscas mañana, en mi oficina, para que lo leas, y lo firmes. Anímate muchacho, y aprovecha esta gran oportunidad -le sugirió el hombre a manera de consejo-
-¡Sí señor! - Respondió emocionado - consultaré a mi madre, y después, iré a verlo en la mañana-
-¡Muy bien hijo!... Ahora brindemos algo, por todo esto-
Invadidos por la alegría...pepe lucho, sus amigos y los singulares invitados, comenzaron a celebrar, y a disfrutar, el momento. Después de algunas horas, el presidente del club, se retiró, dejando solos a los muchachos. Ellos, estuvieron bailando, hasta casi las doce de la noche, para después despedirse, y retirarse a sus casas.
Entonces, pepe lucho, abrazó a su madre, y juntos comentaron, sobre el contrato, Cuando acordaron aceptarlo, entre caricias le prometió, que todo lo que ganaría, se lo daría a ella, porque era, la mejor mamá. Aurora ya algo envejecida, le dijo, que lo único que quería, era que él triunfe en la vida, y que sea, muy feliz.
Al día siguiente, cuando llegó acompañado de su madre, a la oficina del presidente, éste ya lo esperaba.
-¡hola muchacho!... ¿Cómo va todo? sabía que vendrías... ¿sabes, aquí en el club, somos como una gran familia? de la cual todos formamos parte. Aquí, todos te ayudaremos, para que salgas adelante en tu carrera.
-Además con lo bien que juegas, no te será muy difícil. Claro, si aceptas quedarte con nosotros.
-Lo sé, señor - respondió-
-Bueno, entonces lee el contrato, y después, si estas de acuerdo, lo firmas, y mañana mismo, vienes a los entrenamientos. Sabemos que estás por terminar la secundaria, así que mejor, ven después de tus clases-
Al recibir el documento, lo leyó con Aurora, y como estaba correcto, lo firmó; con entusiasmo. Después recibieron algo del dinero, que les dieron por el contrato, y se retiraron a su casa, muy contentos, por tener, aquella oportunidad.
Al día siguiente, después de sus clases, acudió por primera vez, a los entrenamientos, del club de sus amores. Fue presentado, con entusiasmo, por el entrenador a sus nuevos compañeros, y a partir de aquel día, su meta sería esforzarse al máximo, para ser titular, en el prestigioso equipo. Día a día, mejoraba en su juego. Se adaptaba al puesto de volante ofensivo, y de delantero, por lo que el entrenador, ya lo había tomado en cuenta, para hacerlo debutar, en cualquier momento, en el equipo titular.
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Mientras tanto... en otro lado opuesto del país, una mujer en edad ya madura, ya algo envejecida por el dolor y la desesperanza, se encontraba en esos momentos, parada en su balcón, y mientras miraba el azul horizonte, de sus ojos tristes, caían lágrimas, que delataban su sufrimiento, y su gran amargura. Apretaba con fuerza, la baranda del balcón, como si quisiera atrapar, junto a ella, los recuerdos, de su doliente ayer.
Era Flor Elena, que instigada, por su inacabable pena, llenaba de interrogantes a su espíritu, en la doliente comedia de su amargura, y de su tristeza.
¿Acaso valió la pena, ofrendar así su juventud, dejando a Peter su único amor? ¿Luchar, por la libertad, de su madre, y dedicarse al cuidado de Pierina, su hermana menor?
¿Y su hijo?... aún en su corazón de madre, vivía la inquebrantable esperanza, al presentir, que él no había muerto. Estaba segura, que en alguna parte, estaba vivo, y que en la actualidad, sería un hermoso adolescente, de dieciséis años. Así ella, durante todos estos años, lo había buscado, sólo llevada por su presentimiento, pues lo único que recordaba de él, eran los cuatro lunares en su hombro. Por eso, sus ojos se humedecieron aún más, al recordar todo eso, y se dejó caer abatida, en el sillón, que estaba cerca de ella.
Fue entonces, que una vez más, llegó a su mente, el recuerdo de Peter. Desde aquella ultima vez, que él fue a despedirse, de su prima Isabel, ya no había vuelto a su ciudad natal. ¿Dónde estaría? ¿Acaso con el paso de los años la había olvidado? Sin embargo, ella... ¡aún lo seguía amando!
Había tenido, muchas propuestas amorosas, pero fiel a su amor por él, y a esa enorme ansia, por encontrar a su hijo... para entregárselo a su padre, fue lo que hizo, que viera pasar los años, en una espera sin final.
Estaba así, sumida en sus recuerdos, por eso no escuchó el vehículo, que se detuvo frente a su casa. Al escuchar el timbre, Pierina abrió la puerta y después de recibir a la recién llegada, corrió a avisarle a Flor Elena.
-Flor, Flor... hermanita, ¿no sabes quién ha llegado?... Isabel, la prima Isabel, está abajo, ha venido a buscarte-
Bajaron presurosas, y al llegar a la sala...la recibió efusivamente, abrazándose fuertemente.
-Isabel... primita, ¡cuántos años!... cuanto tiempo, hace muchos años que no nos vemos.
-Flor Elena... te esperé siempre, y nunca más, volviste por allá, ¿qué pasó? -
-¡Uh! Son muchas cosas prima, pero acomódate. Pierina...por favor, lleva sus cosas a mi cuarto. Ven acá, sentémonos. Pero te das cuenta primita, los años no han pasado en vano para las dos, ya estamos algo viejas -sonrió, al decirlo-
-Bueno, pero yo estoy jovencita -respondió Isabel, con humor- Pero cuéntame, prima, ¿qué ha sido de tu vida? Supongo que te habrás casado... tienes hijos... no sé... -
-No prima, nada -contestó ella - estoy solterita. Al decir esto, la alegría, se alejó de sus labios.
-Dime Isabel - preguntó, lo que más quería saber- ¿qué ha sido de Peter, sabes algo de su vida?-
-Pero Flor Elena, -contestó Isabel verdaderamente extrañada- ¿es que acaso, tú no escuchas la radio, o no ves televisión? Entonces es verdad lo que me ha contado Pierina, por teléfono. Que paras aquí encerrada, sumida en tu pena, y tus recuerdos, que te has olvidado por completo, del mundo exterior, mira, por eso, estoy aquí-
-Bueno... algo de eso, pero no tanto, como dices prima -contestó Flor Elena-
-Pero ¿cómo que no tanto... Cómo es eso? Entonces como me explicas, que no sepas nada de Peter, si él ahora, es un hombre famoso, que aparece en los diarios, en la radio, y, la televisión-
-¿Qqqquuueeee?... exclamó sorprendida-
-Pero claro...te acuerdas que hace años te conté, que él tenía dos proyectos, y que por ese motivo, tenía que viajar a la capital. Pues... si él, todo ese tiempo permaneció alejado, ¡fue por ese motivo! Ahora, es un escritor famoso, muy reconocido, y además, es un notable autor de música romántica. ¡Es un triunfador!-
Flor Elena, se había quedado perpleja. Así... aún sumida en su sorpresa, se levantó, para comenzar a caminar nerviosamente. Luego de un rato, volvió a hablar.
-Pero... ¿es cierto lo qué me dices Isabel? -
-Claro que es cierto -afirmó sonriente- además, él sabe que tú, estabas esperando un hijo de él, ¡yo se lo dije!-
-¿Qqquueeee? -Casi gritó al decir esto- ¿por qué se lo dijiste?... cuando te lo conté, me prometiste guardar ese secreto, para siempre... hubiera sido preferible, que nunca lo supiera-
-Pero, Flor Elena... no te entiendo ¿por qué dices eso?... ¡él es, su padre! -
-Es que tú no lo sabes, pero el bebé nació muerto, ¿entiendes? Bueno, eso me dijeron en el hospital, pero... ¡escucha prima! yo estoy casi segura, que me lo cambiaron por otro, y que mi hijo aún está vivo. -Algo sollozante, se cubrió el rostro con las manos. Al acercarse Isabel, le confesó- Ahora no sé que hacer. Yo estoy segura que mi hijo vive, y que algún día lo encontraré. Por eso, creo, que por ahora, es mejor, no decirle nada a Peter, hasta que encuentre, a mi hijo. Luego lo llevaré a su lado, y una vez que estemos los tres juntos, quizá, seamos felices-
-¡Pero Flor Elena!... -trató de persuadirla Isabel- no me parece que eso esté bien-
-Por favor primita, trata de comprenderme, y ayúdame, ¡te lo ruego! Yo te prometo, que cuando encuentre a mi hijo, seré la primera en contárselo. Mientras tanto, te ruego que guardemos todas, este secreto. ¿Cuento contigo? -
-Bueno... si esto te hace feliz ¡lo haré!... Pero de aquí en adelante, tendrás que cambiar tu forma de vivir. Por eso, estoy aquí. Vamos a salir juntas a todos los lugares, pues tienes que despertar a la vida. Así, juntas, encontraremos más rápido a tu hijo -Las primas, se abrazaron, con ese amor entrañable, que siempre las había unido.
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Mientras tanto... en el otro lado, del país, esa esperada tarde de septiembre, el estadio nacional lucía un lleno, impresionante. Allí se jugaría, uno de los partidos más importantes del gran torneo profesional... ¡el clásico, tan esperado!
Allí, los hinchas, de ambos equipos, estaban presentes, listos para alentar a sus elencos. El colorido se veía relucir, por todo los rincones del estadio, y la algarabía, salía jubilosa, y bulliciosa, a través de las voces de los eufóricos aficionados. El unión universitario, enfrentaría aquella tarde, a su clásico rival, en el partido más importante de la fecha, donde de alguna manera, se definiría el título del campeonato. Por eso, a ese partido, lo esperaban, con las precauciones necesarias.
Pepe lucho, durante todo este tiempo, había demostrado en los entrenamientos, con claridad, su gran habilidad, en el manejo de la pelota. Enrumbaba siempre al arco rival, con el balón pegado a sus pies, como si entre ellos hubiese un mágico romance, muy esperado e inquebrantable, como un pacto eterno. Tenía, una gran potencia para enfrentar los durísimos choques con las defensas, y el dribling de su cintura lo convertía en un escurridizo e imparable atacante. También se había especializado en el lanzamiento de balones parados. Es decir tiros libres, tiros de esquinas, penales y hasta un notable juego aéreo. Fue por eso que anteriormente, el entrenador ya lo había tenido en la lista de los suplentes, sin embargo, su esperada oportunidad, todavía no llegaba.
Su madre la infaltable compañera de sus anhelos de gloria, se encontraba, como siempre, en una de las tribunas del estadio, rogando para su hijo, la oportunidad; que merecía.
Cuando al árbitro, dio la orden, para comenzar el partido, el estadio estalló en júbilo. Las barras de ambos equipos, entonaban sus cánticos, a todo pulmón, y el papel pica-pica, junto a los globos, y las coloridas serpentinas, cruzaron los aires, del gran estadio. Las barras entonaban con fuerza las arengas para sus elencos, mientras, otros, saltaban en las tribunas, desenfrenados, entre el bullicio de las matracas. Todos, embelezados, seguían, con ansioso nerviosismo, el desarrollo del encuentro. La radio, y televisión también estaban presentes.
El primer tiempo, estuvo lleno de emociones intensas, pues los dos equipos, querían ganar el encuentro. El juego brusco, no se hizo esperar, y uno de los compañeros de pepe lucho, salió lesionado, producto de una fuerte falta, que tuvo que ser reemplazado, por otro jugador.
Al terminar el primer tiempo...ambos equipos se fueron al descanso, con un empate a cero goles. Sin embargo, debido a las fuertes fricciones, entre los jugadores, éstos abandonaron el terreno de juego, muy nerviosos y algo enfurecidos.
Durante el tiempo de descanso, el entrenador muy enérgicamente, llamó la atención de sus jugadores, sugiriéndoles que ataquen más seguido, y se olviden del juego brusco, pues seguramente en el segundo tiempo, comenzarían las expulsiones.
-Este partido, lo tenemos que ganar como sea. Pues de este resultado, depende, para nosotros, el campeonato. Así que salgan a ganar... ¡No quiero empates! - reclamó, enérgico-
Cuando el unión universitario volvió a la cancha, el estadio volvió a estallar en júbilo. Se volvieron a agitar las barras, y los cánticos, junto al papel pica- pica, los globos, y las coloridas serpentinas, volvieron a matizar los aires. Por eso, cuando el árbitro dio comienzo al segundo tiempo, el ataque y defensa, por parte de ambos equipos; era incesante.
-"Qué partido señores" -se escuchaba la frase, en la voz de un locutor, que narraba el encuentro para la radio.
El estadio completamente lleno, por momentos sintió sacudirse, debido a los saltos jubilosos de los aficionados, que alentaban a sus equipos.
Ya, el partido, llegaba casi a su fase final, se estaba jugando el minuto cuarenta, y el empate persistía en el encuentro. De pronto, en una jugada de gran avanzada, al pasar la mitad del campo de juego, López, el notable volante del unión universitario, el armador, el hombre que tenía en sus hombros al equipo, fue víctima de una desleal jugada. Dos defensores del equipo rival, lo golpearon con gran fuerza, ocasionándole una gran lesión, de la cual, no se recuperaría, durante el encuentro. El jugador fue sacado de la cancha, y el entrenador, al saber el diagnostico, del doctor, ordenó a pepe lucho, que se aliste, para que entre al terreno de juego, a remplazarlo.
¡Era su gran oportunidad!...Lo sabía, y no pensaba despreciarla. Alentado, por sus compañeros de banca, el joven estaba listo, para ingresar al campo de juego. El entrenador se le acercó, y después de darle las instrucciones necesarias, ordenó su ingreso. Era el minuto cuarenta y tres, y el unión universitario, estaba replegado en su terreno, aguantando el ataque rival. La aguerrida defensa defendía con pundonor su arco.
Así fue, que uno de las defensas, rechazó con fuerza el balón, el cual llegó a los pies de pepe lucho, que se encontraba un poco atrás de la media cancha. Al llegar la pelota a sus pies, esta pareció reconocer inmediatamente, aquel mágico romance, que había entre ellos. Con el balón pegado al pie derecho, corrió imparable, hasta casi, los tres cuartos de cancha, dejando atrás a cuatro jugadores, del equipo rival. Su elástica cintura, y su potencia física, eran factores determinantes, en aquella jugada. Además, él sabía, que esa oportunidad, quizá, era la única, entonces, tenía que demostrar; lo que sabía.
Al llegar a esa zona, se detuvo, y con el balón siempre pegado, al pie derecho, miró en todas direcciones sin encontrar un compañero con quien jugar. Llenándose de frenesí, esmero, y amor por la camiseta, decidió enfrentar solo, al rival. Así, al comenzar su imparable carrera, hacia el arco rival, su mente, y su cuerpo, en ese momento, sólo vivían, para el ansiado gol. Por eso, al Avanzar, imparable por la parte lateral, apiló, a uno, dos, tres jugadores rivales.
Luego, hizo un quiebre de cintura. Se paró, para dar media vuelta, sin soltar el balón, para luego entrar, al área chica. Allí, el arco estaba frente a él, sin embargo, cinco recios defensas le cerraban herméticamente el paso, y cuando iba empezar otra vez, su ofensiva, dos jugadores rivales, al darse cuenta, que iba a disparar al arco, lo empujaron alevosamente, tumbándolo, en su desesperación por detenerlo, dentro del área chica. El árbitro, que estaba siguiendo de cerca la jugada, no dudó un instante, e inmediatamente, decreto la pena máxima, si, ¡era penal!
El estadio estalló en algarabía, los cánticos de la barra, se escuchaban con más fuerza, y los aplausos, llegaban a sus oídos. El entrenador, que estaba al borde de la cancha, le dijo que él mismo, cobrara la pena máxima. Ya parado frente al balón, pepe lucho, sólo esperaba, la orden del árbitro, para ejecutar la sentencia.
Al escuchar el silbato del réferi, y unos segundos antes de ejecutar la jugada, buscó con la mirada a su madre en la tribuna. Ella, al notarlo, le alzó el brazo, en señal de saludo, y aliento.
Entonces, ejecutó, un tiro inalcanzable para el arquero, pues la pelota, fue lejos de su alcance. El ansiado gol... ¡había llegado! El papel pica-pica, y las coloridos serpentinas, volvieron a caer en el estadio, y el grito de ¡Gooolll! se escuchó muy lejos del enorme coloso.
¿Quién era ese jugador tan deslumbrante? se preguntaban los periodistas, de radio y televisión. Todos estaban maravillados, con su juego.
Así... mientras recibía las felicitaciones de sus compañeros, pepe lucho, dedicaba el gol a su madre, lanzando imaginarios baloncitos, a la tribuna.
Ya el encuentro alcanzaba, casi el minuto 46. Se jugaban los descuentos, y el debutante apenas tuvo una segunda oportunidad, de tocar el balón. Por eso, cuando avanzaba directo al arco rival, el árbitro dio por terminado el encuentro, dejando a los aficionados de pie. Todos esperaban la repetición de la jugada anterior. Sin embargo, él ya se había consagrado, en tan poco tiempo, como el salvador del equipo. Era el héroe de la jornada... ¡habían logrado los tres puntos!
-¡Bien caramba... bien! Sabía que eras capaz de eso, y mucho más, te felicito muchacho -le dijo el entrenador mientras le daba un palmo en el hombro-
Las felicitaciones llegaban por doquier, y los medios de comunicación al día siguiente, sólo hablaban, de su prodigioso juego.
Al siguiente día, Aurora le preparó al levantarse un suculento desayuno. Luego de comer juntos, la buena mujer lo felicitó una vez más, y le dio el aliento necesario, para que siga triunfando.
Con la moral al tope, y seguro, que ahora sí había ganado el titularato en el equipo, acudió en la tarde a sus acostumbrados entrenamientos. Tenía su mente fija, en la superación y el éxito, por eso, se esforzaría al máximo, para llegar lo más alto posible, en su carrera. Al verlo llegar, la prensa lo asedió inmediatamente.
Luego de dar algunas declaraciones, entró al terreno de juego, donde ya lo esperaban, el presidente, y el entrenador del equipo.
-Estuviste deslumbrante hijo, has dejado a todos encantados con tu buen juego -dijo emocionado el presidente- yo no sé, cómo antes, no te habían dado la oportunidad, en el equipo titular. Aquí, le estoy diciendo a nuestro entrenador, que de ahora en adelante, te considere titular, indiscutible, en el equipo. Espero que no me defraudes-
-Gracias... señor, me esforzaré al máximo en cada partido, primero, porque es mi trabajo, y segundo, porque desde pequeño, amo a este equipo, es el club de mi amores-
-Bien pepe lucho, entonces una vez más, te dejo en manos del entrenador -dijo mientras le dirigía la mirada a éste- nosotros, sabemos, que serás un jugador brillante, en poco tiempo-
Al decir esto, el presidente se despidió de él, y del entrenador, para ir a atender a la prensa que lo solicitaba, para preguntar sobre su contratación.
-Bien, prosigamos los entrenamientos, hay que trabajar duro, vamos, vamos chicos -Apuró el entrenador mientras palmoteaba el aire con las manos- vamos, vamos... -
En los siguientes partidos el unión universitario, continuó su excelente racha ganadora, gracias al deslumbrante juego, de pepe lucho. Él se había convertido prácticamente, en el motor del equipo, en el conductor, en el goleador, y en el hombre tan esperado, por la hinchada. Sus hazañas con el balón, iban creciendo partido a partido.
Por eso, su nombre, ya se escuchaba, a nivel internacional, pues su numerosa, y exigente hinchada, lo había convertido en su ídolo.
Los halagos de la prensa se escuchaban, y se leían por doquier, y las jugosas propuestas, de otros clubes, por tenerlo en sus equipos, eran millonarias. El unión universitario, para retenerlo le multiplicó el sueldo y los premios, sin embargo... él dijo, que una vez finalizado su contrato, recién decidiría, si se iba, o, se quedaba en el club.
Al finalizar el torneo profesional, de ese año, después de un emocionante, y vibrante partido, el unión universitario, se coronó, como el campeón indiscutible. Aquella tarde memorable, pepe lucho, no sólo hizo los tres goles del triunfo, sino que acompañado, por los aplausos, y cánticos de la hinchada, levantó la ansiada copa. Seguido por todo el equipo, dio la vuelta olímpica, en la cancha del gran estadio. La fama, y la gloria, llegaban a manos llenas.
Así, aquella noche, la enorme población, celebró en casas y calles... en plazas, y barriadas, con pomposidad el campeonato del unión universitario Las caravanas, inundaban con gritos de júbilo, y con el bullicio, de los claxon... las calles de la ciudad., donde el nombre de pepe lucho, era vitoreado por todas partes, de esa manera, los festejos, duraron hasta el amanecer.
Ya sentado junto a su madre, en la calma de su casa, el joven futbolista, recordaba junto a ella, todos los apuros económicos, que habían pasado. Hubo años, donde asistió a la escuelita del barrio, con el uniforme descolorido, y los zapatos algo apretados, pues no tenían dinero. Muchas veces la abnegada mujer, había vendido sus cosas, para comprar medicinas, cuando él se enfermaba. O cuando, por primera vez, le regaló su primer balón, aquel, que ahora atesoraba, con el más grande cariño.
Como olvidar, aquella oportunidad, donde la conoció por primera vez. Cuando asustado, se escondió en su regazo. Ahora el joven, se daba cuenta, que hizo bien al quedarse a su lado, pues había sido, la madre más buena del mundo. Los dos se abrazaron muy fuertemente, tratando de contener las lágrimas, Así, mientras Aurora le acariciaba los cabellos, y le cantaba despacito, su canción, =como un balón rodando Se sentía contento, pues sabía, que después de todo, había sido feliz, con ella.
A la semana siguiente por petición del muchacho, que le había comprado una elegante casa, en una zona residencial, ellos se estaban mudando del conmovedor barrio, que los había cobijado, durante tantos años. Aurora muy entristecida, se despedía de sus amigas de siempre, abrazando a cada una fuertemente, mientras pepe lucho, palmoteaba los hombros de sus amigos, en señal de despedida.
Allí se quedaban innumerables recuerdos, sin embargo... ellos ahora comenzarían una nueva vida, pues su intención era ofrecerle lo mejor, a la mujer, que lo había cuidado con tanto amor, y abnegación. Aquella que había sido padre, y madre para él.
Quería comprar el mundo para ella, y verla feliz a su lado, sin saber que el destino, diría lo contrario. Mientras tanto, la felicidad pareció llegar a sus vidas, y durante esos dos meses, de vacaciones, pasearon por distintos lugares turísticos, del país. Pepe lucho, ofrecía a su querida madre, todo lo que encontraba a su paso. Las fotografías, y los autógrafos, a los hinchas que lo reconocían, estaban presentes. Se deleitaron de deliciosas comidas, paseos, y exóticos tours. La señora se sintió muy feliz, al lado de su hijo.
Cuando terminaron los dos meses de vacaciones, pepe lucho volvió renovado, a los entrenamientos, recibiendo una tentadora oferta, de renovación de contrato, con su club, el unión universitario. Sin embargo, su representante ya tenía una millonaria propuesta, con el club, campeón de la liga europea. Al saberlo, lo consultó con su madre, y lo analizaron detenidamente. Luego decidieron lo correcto, ¡decidieron emigrar al extranjero! Ahora si... su nombre se conocería mundialmente.
Así fue, pues cuando terminó su relación con el unión universitario, firmó un millonario contrato, con el campeón europeo. El joven fue presentado por su nuevo club, asediado por una inmensa hinchada, y una gran cantidad de periodistas, que colmaban el estadio, donde sería presentado en conferencia de prensa. La expectativa era enorme, y el número de su camiseta, el nueve... ya había vendido cifras enormes. Todos lo adoraban, ¡sus días de gloria, habían llegado!
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Mientras tanto en otro lado del país... Isabel había logrado sacar a Flor Elena, del gran hermetismo, adonde había conducido su vida. Salía con ella, a diferentes lugares. Asistían a reuniones, algunas fiestas, y eventos sociales.
Flor Elena, ahora miraba la vida, con más aprecio y otras ganas de vivir. Parecía haber recobrado la vitalidad, y juventud, que había dejado pasar, sin darse cuenta. Su semblante ahora más remozado, lucia sus ganas... ahora sí, por salir a la vida... por conocer todo. Isabel al darse cuenta, que estaba logrando su propósito, aprovechaba cualquier oportunidad, para salir a divertirse con ella. Por eso, aquella noche, se encontraban charlando animadamente, con sus nuevos amigos, en los amplios salones, del club privado, al cual, ellas pertenecían.
El club rotario, gozaba de alcance mundial, y sus afiliados se encontraban en todos los continentes. Por eso Isabel y Flor Elena, se habían hechos socias, del afamado club. Allí, entre risas y bromas, se divertían, a su manera. Cuando de pronto, al fondo del salón, en una especie de escenario, se escuchó la voz del secretario del club, que cordialmente, pedía la atención de los presentes.
-Damas y caballeros -comenzó diciendo- el club rotario, en estos momentos, tiene el honor de recibir imprevistamente, al presidente del Rotario club de Europa, el cual según me ha dicho, tendrá la gentileza de hacernos una importantísima invitación... pero mejor escuchemos, lo que va a decirnos personalmente-
-Buena noche, damas y caballeros... si es cierto estoy aquí, como lo dijo mi amigo... de improviso, y quiero aprovechar la oportunidad, para invitar, a todos ustedes., a un gran evento, que se va a realizar en Europa, al cual nuestro club, ha sido invitado. Quiero decirles que esta invitación, nos enaltece enormemente, debido a la importancia del evento.
-Ustedes saben que en quince días, comienza en Europa, el campeonato ínter clubes de fútbol, donde estarán presentes, los mejores equipos del continente. Pues bien -continuó- la inauguración del torneo, contará con la eximia presencia del famosísimo escritor, Peter Coral, el cual estará apadrinando el evento, y dará el play de honor, antes del primer partido.
-Para nosotros, será importantísimo asistir, pues tendremos la oportunidad de conversar con él, y animarlo... tal vez quiera, ser miembro de nuestro club. Además de Peter Coral, estarán presentes muchas personalidades, con las cuales podremos entablar amistad-
-Entonces, esperamos una gran asistencia, por parte de ustedes... ¡ah! y recuerden que los gastos de viaje, pueden ser solventados por nuestra entidad. De tal manera, que no tienen excusa para no asistir. Bien damas y caballeros, entonces... los esperamos...-
Los allí presentes, aplaudieron las palabras del invitado, mientras éste se retiraba. Después de eso, la reu
